Con la única compañía de la soledad.

Sacaste el demonio que llevaba dentro. Lo rescataste de un pozo de recuerdos olvidados, o al menos ocultos. No dudaste ni un momento en herirme, con tus palabras afiladas. Me hiciste sangrar lágrimas ácidas, que quemaron mi cara y mi interior. Me impediste ver el mundo con claridad. Ordenaste a la rabia que me inundara, y así lo hizo. Actué ciego, y me quedé sólo. Porque el que no ve lo que tiene, juega con ello hasta quedarse con la única compañía de la soledad.




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