Después de la alegría viene la soledad.
Después de la plenitud viene la soledad.
Después del amor, viene la soledad.

¿Qué pasa cuando se abrazan el amor y la muerte?

¿Se muere el amor? ¿O se enamora la muerte?
Tal vez la muerte moriría enamorada y el amor amaría hasta la muerte.

Sonreír cuando no tienes ganas, y tener que hablar a gente que detestas. Tener que actuar de la manera que más odias y darte asco a ti misma. Llorar por lo que haces, porque sabes que no está bien. Saber que se te está pudriendo el corazón, y no querer hacer nada. Sentir repulsión hacía toda esa escoria y aún así, tener que convivir con ellos por él. Y todo por verle sonreír un minuto. Todo esto, por querer que no se sienta mal. Por no querer impedirle actuar como él desea. Por no querer que muera en la soledad. Todo esto por él. Y otra mentira más, diciéndole que has olvidado. Otra mentira más diciéndole que han cambiado… Y la mierda se acumula. Mientras él piensa que eres feliz. Mientras él es feliz y tú te mueres del asco.
"Rompí a llorar".
Me encanta esa expresión.

No se dice "rompí a caminar" o "rompí a comer",
rompes a llorar o a reír. 

Porque pensándolo, creo que vale la pena hacerse añicos por esos sentimientos.

14.


Te debo tanto que no podría pagártelo ni con la vida.



Ya la echarás de menos.

Ya la echarás de menos cuando la busques entre tus brazos y no la encuentres. O cuando te gires en la cama para darla los buenos días y solo haya un revoltijo de sábanas impregnadas de su olor. Ya la echarás de menos cuando tu mano no tenga a qué aferrarse cuando pasees por la calle, o cuando no sepas que hacer con las horas que matabais queriéndoos. Cuando tus besos no tengan dueña, y se pierdan entre el olvido. Cuando te sientas tan solo que se te encoja el corazón o que las lágrimas recorran tus mejillas. Ya la echarás de menos cuando notes su calor, y cuando ya no oigas su risa. O cuando ya no puedas quedarte mirando sus ojos. Ya, ya habrá tiempo para echarla de menos.

Quizás sea tade para decirte que te quiero y que nunca dejé de hacerlo.

El río desciende la montaña y la erosiona, dejando marca de su paso, una huella, algo imborrable. Por mucho que lo niegue, tu has sido un río en mi, me has marcado. Cuando tu ibas, yo me quedaba embobado viendo como bailaban tus caderas, y como te alejabas volando, dejándome indefenso. O cuando me besabas y me dejabas sin aliento. Me encantaba ese momento después de hacer el amor, en el que nos quedábamos callados, mirándonos, como si no hubiera nada mejor. Y es que no lo hay. No hay nada mejor que estar junto a ti. Eras la princesa de mi cuento. Un cuento que resultó ser falso.

Try.


¿Alguna vez te has preguntado qué estará haciendo? ¿Cuando todo se volvió mentira? A veces, pienso que es mejor no preguntar "por qué". Donde hay deseo, habrá una llama. Donde hay una llama, hay alguien destinado a arder. Pero aunque arda, no significa que vaya a morir

Tienes que levantarte y volver a intentarlo

Es gracioso como el corazón puede ser engañado más de una vez. ¿Por qué nos enamoramos así de fácil, incluso cuando sabemos que no es lo correcto

¿Alguna vez te preocupó que podría haberse acabado? ¿Alguna vez te han entrado ganas de llorar
Cuando estás allí afuera, luchando, ¿acaso sobrevives tú solo?


Try...

Sueña.

Se asomó entre los matorrales, con su sonrisa de medio lado. Me miró con sus ojos brillando bajo la luna y me ofreció su mano para volar hasta el infinito. Cruzamos las estrellas y ganamos al astro rey. Visitamos mundos inimaginables. Nos dimos los besos más sabrosos y pasamos las noches más apasionadas. Un millón de miradas cómplices que se sonreían. Con las manos entrelazadas, caminábamos sobre el agua. Volábamos. Cada vez más alto.

Hasta que de pronto, desperté en la soledad que ofrecía mi cama vacía.
Vamos, un paso más. Ya estás en lo alto. Toma mi mano, te ayudaré. Muy bien. ¿Ves lo hermoso que es estar aquí arriba? Pues ahora mira el camino que has recorrido. Es duro, si. Pero ¿a que merece la pena? Nunca habrías imaginado que podrías vencer al sol y a las nubes. Pero lo has hecho. Has sufrido para esto. Y esto es lo mejor que te hubieras podido imaginar.

La octava maravilla.

Y entonces apareció, como un ángel, alumbrando la oscuridad. Sin dejar nada turbio aclaro los reptales, y se situó al frente, llenándonos a todos de esa paz que tanto ansiábamos. Mucho tiempo luchando, quizás demasiado. Pero al fin, lo habíamos conseguido. Estábamos ahí, enfrente de lo soñado. Y esa sensación de bienestar y satisfacción no nos la podía arrebatar nadie.
Le dije: "Monta al sol, que te llevo". Me dijo: "¡Qué tontería, arderás!". Le dije que no pensaba ir de día y se reía... 
Y lo que pasaba es que la han mentido tantas veces en la vida que ya no sabía lo que era verdad y lo que era mentira. Se la han metido doblada, en forma de triángulo, de círculo, y de todas las formas geométricas posibles. La hicieron perder la esperanza hasta el punto de no saber hacer otra cosa que no fuera llorar. Que sus mejillas eran putos campos de cultivo. Pero eso se acabó cuando llegué yo. Aparecí de las sombras, como el frío de septiembre. La hice olvidar. Un reset completo. "No más recuerdos, recuperemos el tiempo perdido", la decía. Al principio no me creía, pero ahora está a la vista su sonrisa, sincera. Perfecta, como ella. Porque las princesas también tienen días malos. Pero todas deben tener un final feliz y compartir las perdices con un principe, no con una rana verde y verrugosa. 

Miedo.

Todos tenemos miedo. Miedo a perder las cosas que quieres, aunque sean muy, pero que muy pequeñas. Miedo a las mariposillas que sientes en la tripa cuando te gusta alguien. Miedo a lo que no se puede explicar con palabras, y a lo que no se puede entender. Miedo a sentir, a besar, a querer. O al miedo que tienes al monstruo que vive dentro del armario y al que sólo ganas cuando eres tan valiente como para mirarle a la cara.

Decisiones.

Hay momentos en la vida, en que una sola decisión, en un solo instante, cambia irremediablemente el curso de las cosas. Cuando decides disparar a alguien, cuando decides quererlo o no quererlo, cuando decides tirar para adelante o al contrario, rendirte. Cuando decides mentir, traicionar, ocultar o, simplemente, cruzar la línea. Esa décima de segundo podrá hacer girar todo al lado oscuro o, por el contrario, invadirlo de luz. Podrá hacer de ti un héroe o un criminal. Podrá llevarte al cielo o al infierno, pero siempre será un lugar del cual no podrás regresar.
Por muchas noches en blanco que una dedique a pensar en su biografía sentimental, la verdad es que va  a encontrar pocas soluciones. Podrá parchear tal o cual relación, pero al final volverá a pasar lo de siempre. Que en un momento dado saltará en pedazos como tantas otras vece. Porque una es como es, y no es fácil dejar de serlo para querer a alguien. Es casi un combate perdido de antemano. 
Así que lo mejor que nos podría pasar es que las relaciones sentimentales vinieran con fecha de caducidad, como los yogures. Así, sabríamos cual es la fecha del final y no perderíamos el tiempo en inseguridades, sospechas ni discusiones. Nos dedicaríamos a disfrutar cada momento hasta la última décima de segundo. 
Aunque si lo piensas, lo bueno de no tener fecha de caducidad, es que nos permite seguir soñando con que esta vez, ese yogur puede conservarse para siempre.
Necesitar a alguien como el respirar. Que tan solo un minuto sin hablar con esa persona te destroce por dentro... Te carcoma. Su tristeza es tu tristeza. Su alegría, tu alegría. Su ausencia, tu muerte. No poder dejar de pensar en él, en qué pensará, en qué estará haciendo... Eso te roba el aire, te envenena. Es la droga más adictiva, y no poder consumirla te quema la sangre. Como una inyección de alcohol puro. A cada día que pasa, se abre una nueva herida. A cada cual más grande. A cada cual más dolorosa. Sólo una palabra suya, puede detener la pena. Solo una caricia, puede hacerte sonreír. Porque él es todo, y tú la nada. Y sólo juntos podéis subsistir.