H.

Porque hace unos años, por estas fechas, la alegría se palpaba en el aire. La felicidad era abundante, y su risa resonaba por toda la estancia. Sus ojos irradiaban calor, y amor. Sus brazos te aferraban con fuerza. Plantaba sonrisas.
Hoy no. Ella ya no está. Y su ausencia se nota, y mucho. La alegría es escasa. Ya no están sus abrazos. Ni sus risas, ni sus ojos. Lo único a lo que pude llamar abuela, aunque ninguna similitud de ADN nos uniera.
Hoy, desde aquí, desde este terrible mundo vació y triste que nos has dejado, quiero darte las gracias por haberme dado los mejores años de tu vida.
Te echo de menos, abuela.

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