Porque aunque no seas el centro del mundo, eres el centro de mi mundo.

Cuando me besó por primera vez, algo cambió en mi interior. Todo se puso en orden, cobró sentido. Como si dos piezas que nunca habían encajado al fin se complementaran. Pero eso no es todo. Algo se activó, como un botón de ON/OFF; y de repente, lo sentí. Sentí eso de lo que las leyendas hablan, de lo que los borrachos comentan, y de lo que los niños sueñan. Sentí que de un momento a otro, todo había cambiado. Mis pensamientos habían sido sustituidos por impulsos de acciones, pero que tan sólo se quedaban en eso, en impulsos. Mi manera de ver el mundo, había cambiado. Los colores eran más brillantes, los sonidos más nítidos, y los olores más intensos. Aprendí de repente todo eso que la vida no me había permitido aprender antes, y que el miedo nos impide vivir. Supe que a veces, tal vez hay que dejarse la piel, pero sólo por la gente que merece la pena. Me di cuenta de que es hora de cambiar el mundo, y de que nadie puede impedir que cumplas tus sueños. Que la vida está para vivirla cometiendo errores y equivocándose. Y me di cuenta, de que los sentimientos están ahí, por mucho que queramos reprimirlos. Que cuando se quiere de verdad, es imposible no demostrarlo. Es imposible no sonreír cuando esa persona está delante. Que se vuelve el centro de todo, y por mucho que lo intentes, eso ya no lo puedes cambiar.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada