Momentos.

Hay momentos de los que te arrepientes toda la vida. Como cuando dejas escapar a alguien importante para ti. Cuando no luchas para que se quede; cuando lo dejas marchar. Y cuando regresa todo ha cambiado, menos lo que sentías por esa persona. Porque cuando la vuelves a ver, todas esos sentimientos que estaban enterrados, afloran y vuelven a la superficie, poniendo en peligro todo lo que tienes ahora. Al principio las empujas hacia el rincón más solitario de tu cabeza, los encierras en la habitación más oscura de tu cerebro. Pero siempre, de alguna manera, consiguen salir. Asi que la única opción que queda es aceptarlos e ignorarlos, aunque no sea fácil. La única opción que queda es aceptarlos e ignorarlos, aunque no sea fácil. La única opción que queda es ignorar esos labios, que en un pasado te besaron y te hicieron sentir especial. Ignorar esos ojos, que te miraban como si fueras única. Ignorar aquellas manos, que te dedicaron las caricias más dulces, más delicadas. Ignorar a la persona con la que tiempo atrás viviste momentos fantásticos, momentos irrepetibles. Ya sólo puedes ignorarlo; aceptar que ahora hay otros labios, otros ojos y otras manos. Aunque cuando te besen, te miren y te toquen; aunque lo hagan mil veces mejor; no te harán sentir lo mismo. No harán que tu corazón palpite como lo hacía antes.

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