Segundo asalto.

Aún no se como voy a digerir todas las poesías que te he escrito, ni todos los besos que me han quedado en la recámara, dispuestos a dispararte.

Aún no tengo ni la menor idea de como voy a dejar de pensar en ti, en nosotros, y en lo que el destino y las circunstancias no nos dejan ser.

Tampoco quiero pensar en qué hubiera pasado con nuestra cordura si el tiempo hubiese sido generoso y nos hubiera dejado enamorarnos.

No sé como voy a decirle a mi corazón que ya no tiene que echarte de menos, que tú ya no estás, ni vas a volver.

Y aún recuerdo como la lluvia no era un inconveniente para que tu alma volase y, la mía, intentara seguirla, al parecer sin mucho éxito.

La verdad es que no sé que hago escribiéndote una vez más, sabiendo que esto solo va dirigido a mi, para vomitar todo lo que no me atrevo a decirte.

Y quizás es cierto eso de que el karma existe y cada uno tiene lo que se merece. Porque aún no tenía el corazón reanimado cuando ha recibido el segundo golpe. Y claro, se recuperará. Pero quizás preferiría que el puñetazo fuera más doloroso, retumbase en el estómago, y haberme hecho feliz algo más de tiempo. Pero desde aquel día de festejo el reloj de arena se dio la vuelta, y ha parado de contar antes de lo que esperaba.

Sólo me queda desearme buena suerte. Si, a mi. Porque yo soy la torpe en esto de vivir. La inútil que solo sabe soñar con escribir letras que te apuñalen el corazón. Porque solo con un bolígrafo en la mano puedo mostrarme desnuda de la manera en que pocos me han visto. 

Y no, esta vez no voy a acallar al corazón con los gritos de otros labios, ni tampoco me intentaré sentir mejor mordiendo otros corazones para que comprendan el dolor que sufre el mío. Voy a llorar lo que tenga que llorar con orgullo, que los torrentes ya tienen su cauce. No puedes acostumbrar a la felicidad a un alma que solo sabe ser errante, no se puede romper un corazón que nunca ha estado de una pieza.





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