La octava maravilla.

Y entonces apareció, como un ángel, alumbrando la oscuridad. Sin dejar nada turbio aclaro los reptales, y se situó al frente, llenándonos a todos de esa paz que tanto ansiábamos. Mucho tiempo luchando, quizás demasiado. Pero al fin, lo habíamos conseguido. Estábamos ahí, enfrente de lo soñado. Y esa sensación de bienestar y satisfacción no nos la podía arrebatar nadie.

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