Carta a un corazón acorazado.

Y después de ver tu sonrisa
rompiendo(me) como las olas; 
después de ver como la noche
se hacia reina de tus ojos,
mis ilusiones que revoloteaban
a tu alrededor;
y el viento se solidificaba
al rozar nuestra piel.

Después de todos esos cambios
de voz,
de interior,
de actitud,
de corazón
que nos hemos provocado;
por todos esos momentos incómodos
a los cuales obligamos a evaporarse.
Y por las no explosiones
de esos choques,
de manos.

Esas caricias que hicieron que,
por un segundo
o dos
no fuéramos esos extraños 
con la obsesión 
de encontrar algo que hace ya mucho perdieron.
Podemos llamarlo ilusión,
o quizás,
si suena mejor,
cordura.

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