Porque amores que matan nunca mueren.

Yo escribo para que tú me leas, tu lees con la esperanza de que yo te escriba. Y así se pasa la vida, con el vaivén de indirectas y de personas que no saben si darse por aludidas o no. Y seguramente tú, que ahora me  estarás leyendo, no sabes si darte por aludido con este texto. Pues no seré yo quien te lo diga. Tendrás que averiguarlo.
He aquí una pista:
"Porque amores que matan, nunca mueren."

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