Todo perdido, todo muerto.

¿Para qué hacer la cama si a la noche siguiente la vas a deshacer con alguna chica nueva? Esa cama, que ha sido testigo de cuantas veces me has engañado, y de cuantas veces yo te perdonaba. Esa cama que ha recogido mis lágrimas y tus sonrisas, mis gritos ahogados y tus mentiras. En cada pliegue de las sábanas podría encontrar un nombre nuevo, de alguna chica a la que hiciste feliz una noche. Y todo a costa de mi dolor. Pero ya no, ya se acabó. Ahora me toca ser feliz, y olvidarte. Que después de una lucha sinsentido es hora de abandonar, de tirar la toalla. Pero no he perdido, porque me he dado cuenta de que no me mereces.

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