Hoy me he puesto melancólica, y como siempre, acabo aquí. Juntando palabras que en el fondo no significan nada y que a la vez lo significan todo. Como tus besos, tan llenos que estaban vacíos. No hay que alarmarse, ya estoy acostumbrada a regocijarme en labios desgastados. Ya ves, todo sigue exactamente igual que aquel jueves por la noche en el que me rompiste. Diría que me partiste el corazón, pero la verdad es que no hay una parte de mi que no rompieras. Hace poco me acordé de ti. Hace un par de noches, quizás porque era una fecha especial, o quizás porque hacía mucho que no recordaba tu olor. Pero el caso es que pensé en ti, en mi, en nosotros y en lo que fuimos. Porque lo fuimos todo. Y a lo mejor por eso, por haberlo sido todo, por habernos reído del cielo a nuestros pies, por haber besado de verdad y habernos pinchado felicidad, tal vez por eso ahora ni nos conocemos. Porque llegamos tan alto, que la caída nos hizo olvidar. Lo peor de todo es cuando recuerdo tus palabras acariciando mi nuca, y arañándome la piel. Palabras que se quedaron con el viento, y que jamás volverán a ser. Como aquel nosotros, que nunca más volverá a existir salvo en nuestros recuerdos, si aún es que queda alguno.

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