El tiempo pasa y a veces no merece la pena mirar atrás. ¿Para qué? ¿Para sonreír por un recuerdo idiota y luego romper a llorar? El plan era perdernos ¿sabes?, no perderte. Y ahora solo sé que estoy sola una vez más. Como siempre ¿no? Nada nuevo. Si es difícil olvidar cuando se odia, y también cuando se quiere, imagínate cuando se sienten las dos cosas a la vez. Y en el fondo, me gusta odiar. Porque nadie odia por conveniencia, ni siquiera lo finge. Es algo tan malo que nadie lo haría para ganar nada, porque no hay nada que ganar. Es un sentimiento sincero. El más sincero de todos, me atrevería a decir. Porque cuando te veo por la calle te odio, aunque crea que te quiero. Pero quizás te siga queriendo. ¿Quién sabe? Yo no. Yo ya no se nada. Ni me quemo la mano por nadie. Solo por mi. Y por ellas. Ellas que siempre han estado ahí. Esperándome. Siempre han sabido que volvería porque me daría cuenta de que te odio. Y lo hice, aunque no como quisiera. Pero ya sabes, estaban todas esas mierdas de las que uno se tiene que fiar cuando le dicen que te quieren. Y yo sé que tú lo hacías. A veces me planteaba si estábamos a la misma altura. Y quizás nos amamos, pero el tiempo no quiso que nos quisiéramos. Y ya estoy harta de que todas las historias escritas sean de amor, y tú mi protagonista. Que perteneces a libros ya quemados. Cuantas hojas escribimos... Y cuanto humo emitimos.

Ya sabes, siempre hay una chica.

Ya sabes, siempre hay una chica. La típica chica loca que está tan loca que ya no es típica. La tía sin tornillos, con todas las pinzas idas que te hace sonreir como un idiota, quizás porque ella es idiota. Si joder, la desastre, la torpe, la sincera, la de verdad. La que siempre va de frente aunque no inspire confianza. La que canta, grita, ríe, salta y te ayuda cuando está muerta y quemada por dentro. La chica fuerte, a la que pocos han visto llorar, pero llora. Llora mucho, y llora sola. Esa chica que tiene las conversaciones más profundas con la almohada y que cuentan sus leyendas que un día perdió la sonrisa. La de los ojos grandes que cuando te mira te marea. Esa chica que te roza y te lleva al cielo

Ya sabes, siempre hay una chica.
Cada día la cuerda se tensa más. Se puede cortar el aire con un cuchillo de plástico. El tiempo se acaba, y hay que tomar una decisión. Pero no es el momento. No para mi. Yo lo evito y tú lo ansias. 
En realidad los dos lo sabemos, los dos queremos el cielo. Pero las piedras... son las piedras. Que parece que me he levantado pero sigo abrazando el suelo. Regocijándome en el calor que la tierra emana. Ese calor que antes me dabas tú. Y hasta que no vengas con una excavadora a retirar la piedra del camino, yo no puedo avanzar.