Hola.
No he empezado a escribirte y ya estoy llorando.
Es imposible describir el malestar que se aloja en mi pecho.
Es duro, muy duro. 
Pensar que no voy a poder volver a besarte, a cogerte la mano mientras paseamos.
Pensar que nunca más voy a sentir tu piel sobre la mía, 
ni tus ojos en mi nuca...
Tengo que decirte tantas cosas que ya te he dicho...
No hay palabras para describir el vacío que siento. 
Nunca pensé que el amor pudiera doler tantísimo.
No sé vivir sin ti, no tengo ganas de comer, ni de vivir. 
A veces pienso en cómo sería si estuvieras aquí, conmigo, como siempre.
Juntos viendo una peli que apenas de oye, pero nos da igual, porque nuestras manos se fusionan.
Me duele tanto pensar en nosotros. Pero no puedo parar de hacerlo, es lo único que me queda.
Escribo esto porque no puedo escribirte a tí, porque se que no quieres que lo haga. 
Pero si quieres saber de mi, sabes donde encontrarme. 
Me estas haciendo volver a teclear. Eso es porque estoy rota, otra vez.
Rota sin tí. Y lo peor, por mi culpa. 
Por favor, si llegas hasta esto, es porque te sigo importando.
Es porque tienes tantas ganas de hablarme como yo las tengo de hablarte a ti. 
Aunque sé que no es así, sigo teniendo esperanzas. 
Ojalá algún día puedas mirarme con los mismo ojos que antes.
Ojalá puedas perdonarme el habernos hecho esto.
Te amé, te amo y te amaré siempre. 
Estemos donde estemos.
Siempre pensaré en nosotros, en nuestro futuro, exista o no. 
Para mi siempre será real. 
Yo nunca me iré de tu lado, incluso aunque me eches.

Gracias por llegar hasta aquí. 

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