Ella era la pólvora
y mi misión era poner la chispa.
Y no hubo fuego hasta que descubrí
que el secreto estaba en la manera
en que sus ojos ardían.
Y después fue fácil.
Mis manos friccionaban con sus curvas
y se prendían nuestras almas.

Y por mucho que ardiésemos
sus ojos no se apagaban.
Y aunque pasara el tiempo
quemaban como el primer día.

Huir.

Ya ves. Quizás no soy tan asentimental como creíamos. 
Quizás, he perdido en mi propio juego: he caído en mi encerrona y no sé como salir. Solo sé coger el camino fácil. 
Sólo sé huir.

Huir de todo aquello que te despierta la humanidad,
 de todo eso que te acaricia con una pluma alrededor del ombligo y te hace sentir vulnerable.

Solo sé huir de ti. 
Huir de ti y de tus manos entre las que me escurro, me escapo, me zafo,  creando un vacío y odiándome, porque así le doy la oportunidad a otra de ocuparlo.

Y cuando tus manos se enlazaban en mi nuca y no me dejaban irme de tus besos...
Cuando tocabas el piano en mi sonrisa y me apuñalabas con abrazos el corazón.
Cuando me autoengañaba pensando que te importaba.
Cuando me hice la tonta.
Cuando ya no más.
Quién me iba a decir a mi,
que mojaría las letras de un poema, 
de la misma forma 
en la que me hacías mojar las bragas.

Segundo asalto.

Aún no se como voy a digerir todas las poesías que te he escrito, ni todos los besos que me han quedado en la recámara, dispuestos a dispararte.

Aún no tengo ni la menor idea de como voy a dejar de pensar en ti, en nosotros, y en lo que el destino y las circunstancias no nos dejan ser.

Tampoco quiero pensar en qué hubiera pasado con nuestra cordura si el tiempo hubiese sido generoso y nos hubiera dejado enamorarnos.

No sé como voy a decirle a mi corazón que ya no tiene que echarte de menos, que tú ya no estás, ni vas a volver.

Y aún recuerdo como la lluvia no era un inconveniente para que tu alma volase y, la mía, intentara seguirla, al parecer sin mucho éxito.

La verdad es que no sé que hago escribiéndote una vez más, sabiendo que esto solo va dirigido a mi, para vomitar todo lo que no me atrevo a decirte.

Y quizás es cierto eso de que el karma existe y cada uno tiene lo que se merece. Porque aún no tenía el corazón reanimado cuando ha recibido el segundo golpe. Y claro, se recuperará. Pero quizás preferiría que el puñetazo fuera más doloroso, retumbase en el estómago, y haberme hecho feliz algo más de tiempo. Pero desde aquel día de festejo el reloj de arena se dio la vuelta, y ha parado de contar antes de lo que esperaba.

Sólo me queda desearme buena suerte. Si, a mi. Porque yo soy la torpe en esto de vivir. La inútil que solo sabe soñar con escribir letras que te apuñalen el corazón. Porque solo con un bolígrafo en la mano puedo mostrarme desnuda de la manera en que pocos me han visto. 

Y no, esta vez no voy a acallar al corazón con los gritos de otros labios, ni tampoco me intentaré sentir mejor mordiendo otros corazones para que comprendan el dolor que sufre el mío. Voy a llorar lo que tenga que llorar con orgullo, que los torrentes ya tienen su cauce. No puedes acostumbrar a la felicidad a un alma que solo sabe ser errante, no se puede romper un corazón que nunca ha estado de una pieza.





Te quiero tanto, 
que si no te quisiera,
te seguiría queriendo.

Incluso odiándote
te seguiría queriendo.

Incluso follándote, 
te haría el amor.

Incluso con lágrimas en el corazón,
te sonreiría.

Incluso lejos,
te siento cerca.

Y es que ha llegado a tal punto,
que sentir todo lo que siento
me produce
al mismo tiempo
el dolor más puntiagudo
y la felicidad más deseada.

Y por eso,
por resucitarme el alma,
me sentiré eternamente agradecida.
Aunque sentirme así me vuelva a matar.

Y es que para ser tuya hay que tener valor.

Creo.

Creo 
que ya te has dado cuenta
de que me tienes enganchada.

Enganchada a tu forma 
de vivir(me),
de besar(me),
de sentir(me),
de ser tú. 

Creo
que ya te has dado cuenta
de que me alteras el corazón
que está en tu puño;
y de que me alternas los sentidos.
Que si estás cerca
no pueden funcionar todos a la vez.

Creo
que ya sabes que he perdido.
Que hacia mucho que mi corazón no latía así,
a este ritmo
y con esta intensidad.
Y no sé si el pegamento con el que cerré las grietas
aguantará mucho más.
Que la angustia esta volviendo a abrirlas.
Y que por eso, no quiero perderte.
Por eso mismo,
voy a intentar no perderme yo.
Porque si caigo en tu locura, 
Los dos estamos perdidos.



Miro el reloj
y me doy cuenta de que el tiempo
corre en nuestra contra;
que la cuenta atrás ya ha comenzado.



Que los besos que nos quedan


ya están contados.
Al igual que las miradas,
las caricias,
y las veces 
que nos perdamos entre las sábanas
haciéndonos 
y creando
el amor.



Porque eso es lo que hacemos.


Cogemos algo de la nada 
y lo hacemos nuestro.
Y así es como podemos hablar 
de nuestra historia,
que aunque se acabe,
nunca caerá en el final del olvido.