Preocupaciones

Supongo que a veces,
las cosas no son lo que parecen.

Le damos demasiada importancia a amores adolescentes que están de paso;
y demasiada poca a personas que han anclado su barco junto al tuyo,
para siempre.

Masoca me llaman.

Me siento fría.
Me sientas frío.
No como la baja temperatura de un en verano, congelado con respecto al ambiente, que refresca el calor que se pega a la piel.

Ni tampoco como el lado frío de la almohada en esas calurosas noches de verano. 

No.

Me sientas frío, como el café que dejas olvidarse en la encimera de la cocina, 
y que al recalentarlo, ya no es lo mismo.

Me sientas frío como esas mañanas de invierno en las que el viento corta la epidermis.

Me sientas frío como la mano de un cadáver putrefacto, o como la escarcha que no acaba de cuajar.

Me sientas frío como el agua de los charcos que atraviesa los calcetines y se aloja entre los dedos.

Me sientas frío como un esclavo enjaulado en su celda de piedra; como la soledad de un domingo de invierno. Como un corazón duro, de piedra.

Frío como la sensación de ponerse un collar metálico al salir de la ducha, empapada de vapor.

Me sientas frío, como el saber que ni yo soy para ti, ni tú eres para mi. Y que lo único que hacemos es perdernos en un laberinto, buscando el lugar donde más nos perjudique la llegada del invierno.

Masoca me llaman...

Divagaciones nocturnas sobre su persona; sentimientos momentáneos de una loca y descripciones no-exactas de momentos inexactos.

No sé qué esperas de mí.
Ni siquiera yo lo sé lo que espero de mi misma.

No sé a qué me refiero cuando te digo que no te entiendo.
Quizás porque a quien no entiendo,
es a mi.

No sé que esperar cuando tu mano acaricia mi mejilla.
Ni tampoco o cuando tu palma aterriza en mi culo.
Solo sé que en ambos momentos el corazón comienza a acelerar.
Y lo hace,
tanto,
que se para de seco 
y se vuelve piedra.
Y trata de odiarte,
y evita mantener contacto directo con el alma que se refleja en tus ojos.

Y cuándo me preguntas que si te quiero,
se esconde bajo todas las capas de epidermis que encuentra.
Rehuye responderte perdiéndose en mares de los que quizás no pueda salir.
Y en ese instante nada está claro y mi racionalidad abandona este mundo.

Y ahí es cuando me besas, sin importarte lo que puedas romper en mi interior.
Porque realmente, no somos tan diferentes. Tú no quieres quererme, y yo no quiero que me quieras; porque solo así tendré una escusa para no hacerlo.

Desnudo.

Es fácil quitarse la ropa,
tener relaciones,
disfrutar del contacto directo con otras pieles.

La gente lo hace todo el tiempo.

Pero,
abrirle tu alma a alguien,
dejarlo profundizar en tu espíritu,
pensamientos,
miedos,
esperanzas,
sueños,
dejarlo vivir tu pasado,
de la forma que tú lo viviste...
Quitarte las vendas y mostrar tus heridas
cubiertas de sal...

Eso es a lo que yo llamo estar desnudo.
Mi vida
nunca es el sueño de nadie.

Porque con los ojos abiertos
tengo que sufrir la realidad

Y cerrados
me tengo que sufrir a mi.
"Después de todo lo que has pasado en la vida, aunque por dentro estés muerta, siempre tienes una sonrisa para la gente."

Para personas como tú,
que has sido mi salvavidas tantas veces,
la sonrisa es eterna.

Gracias.
Te quiero tanto,
que si no te quisiera,
te seguiría queriendo.

Nunca encontrarás a nadie como yo.

Nunca nadie
te llamará gritando a las cuatro
de la mañana,
reprochándote culpas que no tienes.

Nunca nadie
te va a ser tan infiel
como yo;
y nunca nadie,
se va a arrepentir tan poco.

No esperes que nadie
se apoye en tu hombro como yo lo hice;
y rehuya cuando tu lágrima caiga.

Y menos mal
que nunca encontrarás a otra,
como yo;
que te repare tanto mal,
y que te cause tanto dolor.

Y cuando te resultaba incomprensible frente a la luna...

Doy gracias
por ser lo peor que has podido vivir;
por ser lo que más
vas a odiar.

He sido para ti
una batalla,
que aunque perdida,
demasiado bien luchada.

Te mentiría,
como tantas veces he hecho,
si te digo que siento
que no hayas podido conmigo;
que no me hayas vencido,
que tus besos
no fueran suficientes.
Que tus caricias
se quedaran cortas;
y tus miradas
no tuvieran destino fijo.
Te mentiría,
si,
porque ni si quiera yo,
puedo conmigo.

Matándote el corazón,
me aseguré
de que para bien
o para mal
no  me vas a dejar salir
de tu cabeza.
¡Y qué afortunada soy
por ser yo
quien te haya hecho daño!

Nunca vas a odiar a nadie,
como me odias a mi,
pero tampoco amarás a alguien,
como me amaste a mi.

Al contrario,
yo si voy a encontrar a otro que,
como tú,
intentará, en vano,
arañarme el corazón
mientras yo,
rompo el suyo.
Otro que,
me quiera mil veces más que tú.
Otro
que acabe odiándome
más, 
de lo que yo lo hago.

Y es que, 
menos mal que nunca vas a encontrar
a nadie como yo.

Cañas y coño.

Ni soy la chica de tu vida,
ni la de tu boda.
No puedo ofrecerte amor
ni fidelidad,
ni respeto.

Para que me entiendas,
soy la chica de las cañas
y el coño.
Ellos te miran y ven lo Bueno en ti.
Yo lo hago, y no lo encuentro.
Tan solo diviso a un desconocido,
al que he cogido cariño.
Pero al que nunca podré cogerle amor.
"Creo que mientras no dependamos el uno del otro, seremos inseparables. Que mientras dure, lo nuestro será eterno. Y creo que fracasar no tiene nada que ver con ir acumulando ex. El verdadero fracaso habría sido no encontrarnos jamás."

~

Mi horizonte, soy yo.
Y pase lo que pase, sé que nunca (más) me voy a fallar.



.
Por menos hemos follado, solíamos decir en nuestra última época. Y así éramos antes, como conejos. Recuerdo la primera noche que pasamos juntos, no llevábamos ni un mes quedando. Ni si quiera sabíamos a dónde nos llevaba todo aquello pero queríamos disfrutar de nuestra juventud y por una extraña razón, simplemente encajábamos. Una prima tuya nos dejó las llaves de una especie de caseta en un monte perdido con un salón ancho, suelo de parqué y una chimenea bien grande. En plan romántico. Recuerdo estar en el Mercadona comprando los últimos enseres y, cómo no, el whysky. Siempre nos ha gustado follar con algo de alcohol en el cuerpo. Todavía guardo aquella conversación como fuego marcado en mi piel.

- Estoy en Mercadona, nada más salga voy a por ti. - dije yo nada más contestar.

- Vale, vale, tranquilo. Pero pilla condones.

- ¿Cuántos?

- Yo qué sé, ¿hay de 20 o 24?

-¿Tantos?

-Pues 12.

- Sabes que sólo vamos para una noche, ¿no?

- Claro que lo sé.

Así era nuestra vida, cualquier momento era bueno. Hubiéramos discutido o no. Estuviéramos de compras, en publico o en plena autovía. Siempre tenías ganas y yo nunca he tenido tantas ganas de una mujer como cuando estaba contigo. No era mi primera vez pero sí a tu modo de entender el sexo, tú lo hacías único. Contigo, el sexo cobraba una relevancia imperial en una relación. La palabra correrse se asociaba al amor, nada impuro. Podíamos pasar días sin salir del piso y me encantaban esos momentos, cualquiera que tuviera que ver contigo.

Tu modo de sacarme de quicio para hacerme rabiar. Terminar estampándonos contra todas las paredes y hacer de cualquier superficie vertical nuestra cama.

Tus gemidos semiahogados con cada empujón de mis caderas mientras dejabas tu huella en mi cuello. Todavía no he encontrado una mejor banda sonora para nuestra historia.

LA tremenda flexibilidad con la que te permitías posturas inverosímiles, sólo comparable con el placer que te daba cambiar la rutina.

Tus tirones de mi cabello cuando una lengua traviesa encontraba aquel punto que te hacía gritar hasta perder el sentido de tu voz.

Las largas y repetidas duchas en las que el agua no era lo único que tragabas.

A veces incluso volvíamos a la cama mojados pero qué importaba si nadie en el mundo disfrutaba como nosotros en tan poco espacio.

Cuantas pizzas se nos habrán quemado en el horno por ceder a nuestros impulsos y follar en aquel mármol.

Cada vez que miro la pila de la cocina recuerdo, a decenas, la vajilla por fregar. Nos encantaba provocar al otro cada vez que intentaba lavar los platos.

Como levantarnos antes de la hora para ir a trabajar y tener que llegar siempre tarde.

Todo eso se acabó. Un día, de repente, después de discutir decidiste acostarte. Estabas cansada. Ahí lo supe, esto ha terminado, pensé. Por menos hemos follado, dijimos los dos como si pudiéramos leernos la mente. Parecía comprensible, cuando tu polla pasa más tiempo dentro de alguien que en tus pantalones terminas por pensar como ella.

Pero no te culpo, porque estaba enamorado. Perdidamente, de hecho. Sabía que no iba a encontrar a alguien que me llenara como lo hacías tú. Pero tú no lo estabas. tú sólo jugabas y te divertías. Era un modo de ver pasar la vida, hasta que te cansaras. Simplemente, perdiste el apetito o te lo comiste todo muy deprisa. Como siempre te gustaba hacerlo.

Mátame el instinto.

Maldigo al instinto que me hizo alejarme de la felicidad.
Matar por quien intenta matarme,
y no por quien me protege.

Maldigo cada instante que me faltas,
cada lágrima,
que en forma de vapor
vuelve a ti.

Maldigo el hueco que dejaste en mi cama,
que, por cierto,
aún sigue ahí.

Maldigo cada día que no respiras en mi boca,
que no me quitas la ropa,
y que tus besos
ya no son para mi.

Maldigo el dolor de corazones que me provocas,
las lágrimas que llevan tu nombre,
y no el nuestro.

Lo siento.
Lo siento por no luchar.
Por rendirme tan pronto.
Por no confiar en lo que me enseñaste.
Pero también te prometo, 
que llegará el momento, 
en el que nuestros caminos,
se vuelvan a encontrar.
Porque aunque no te des cuenta, 
sigo buscando la forma
de que quieras
volver a dejarte conquistar.
Pónmelo dificil,
no me dejes olvidarte.
Hazme recordarte.
Y así, todo será más fácil.

Pum.

Y como un soplo de aire fresco cuando más lo necesitaba,
en ese momento en el que  nadie
me abrazaba,
y tú venías a mi espalda a dibujarme corazones.

Que quizás ni tú mates por mi,
ni yo lo haga por ti.
Pero mientras nos matemos
(a besos
el uno al otro, 
es suficiente.

Siempre me viene a la mente
la sinceridad de tus ojos,
tus besos,
y los antojos
que tengo de ellos.

Gracias
y mil gracias 
por ser tú conmigo, 
y por dejarme ser yo,
también conmigo.

Gracias
por escucharme 
aunque no entenderme, 
y apoyarme,
aunque no compartirme.

Gracias,
por intentar quererme
y tener la esperanza
de que yo pueda quererte a ti.

De verdad, mil gracias
por todas y cada una de las sonrisas
que esbozas 
cuando me acurruco en tus hombros.
Que aunque parezca que no,
las veo todas.

Como las brisas que nos han despeinado,
a mi más que a ti, el pelo.
Y que nos han llevado,
no sé si volando,
a esos lugares tan hermosos
de los que tanto nos cuesta salir.

Gracias,
por cada disparo de realidad,
por cada herida de placer,
por cada verdad disfrazada de lanza.
Por cada momento,
que me ausentaba de mi infierno personal.

Perdona si te sientes aludido por estos  versos  rescatados de la basura,
no era mi intención ofenderte.
Solo quiero que tengas presente,
que ya
te debo mucho.
Y no me gusta deber,
los pufos, para otro.
Así que, por favor, 
cóbratelos rápido.
Llévate de mi lo que quieras, 
menos el corazón.
Ese se marchó hace ya tiempo...

Missing.

Tengo un soplo en el corazón; una aritmia o algo que me impide respirar más de tres veces seguidas sin ahogarme.

La vida, la mía, nunca ha sido fácil. Y que la cuesta cada vez sea más empinada no ayuda demasiado. A cada paso me pesan más los brazos, el alma y también, las ganas. 
Esas ganas que tenía de demostrar al mundo que no podría conmigo, que por más relojes de arena que me pusiera el destino, yo quería romperlos para formar así mi isla desierta

Y es que el corazón se me ha saltado no un latido, sino varios ya. 
Y no tengo muy claro si es por ti, 
por mi, 
o por el resto del mundo

Puedo escribir las palabras más hermosas para describir tu cuerpo.

Puedo decir, 
por ejemplo,
que tu piel es suave como la miel;
y tus manos frías
como hielo.

Tus dedos traviesos,
con complejo de duende;
y que tu espalda le hace sombra
al Everest.

Puedo apuntar maneras para corroborar
que los hoyos de tus clavículas
son la entrada al centro de la tierra;
y tus labios,
tan rojos como la fresa,
mullidos,
deliciosos.

Tu rostro marcado y tu mentón fino,
tu sonrisa,  que eclipsa a la luna... 

Puedo escribir las palabras más hermosas para describir tu cuerpo.

Pero al llegar a tus ojos
no sé que decir.

Este momento.

En este momento, te quiero. 
Te quiero de la manera más fuerte que puedo hacerlo.
Te quiero hasta que el pecho me explote y la cara se me deforme por la sonrisa.
Te quiero por todas las arrugas de tu frente, y por todas las heridas de tus manos.
Te quiero desde la primera lágrima hasta la última, desde el primer kilómetro que nos separa, hasta la eternidad. 
En este momento eres todo lo que quiero.

Pero los momentos pasan rápido.