Loreto Sesma.

Sastre de sonrisas.
-Rayden.





Ambos sabemos que el movimiento del viento es la danza de la ciudad,
y tú pensabas que vanidad lo que escondía entre los pliegues de mi falda,
Me decías:

"Deja de buscar poetas que le escriban a tus piernas con el alba,
niña, no les pidas más versos,
si no quieres besos
que te calen el alma,
no me lleves esa flor dentro
si no quieres que el viento
te levante la falda".
Y cuando llegaba hecha polvo me decías: 
"te pienso arrancar la ropa".
Y tiró tanto que se llevó también el corazón,
con razón éramos amantes de las ruinas,
que cuando estábamos en un pozo sin fondo,
en lugar de morder el polvo,
nos lo echábamos.

Ahora paso por esa plaza en la que está escrito:
"Porque sueño no estoy loco"
Y yo pienso en lo poco
Que sueñas tú conmigo.
Ya he dado la vuelta a tu cuerpo en ochenta días,
Y ahora me da por pensar cuando decías
Que lo único que dura siempre son los recuerdos.
Qué triste es todo desde que no estás.
Desde que me echas de tu vida
Y me miras como la culpable de este desastre,
Desde que no soy tu sastre de sonrisas.
Desde que no veo la tuya,
Me he dado cuenta de que
Las sonrisas
Son
Risas
Que se pronuncian en silencio.
Joder, lo siento.
No era mi intención atraparte en un verso,
En convertirte en mi universo,
En desear darte un beso cada mañana,
En querer verte dormir aquí.
Siento desear tan fuerte que arda todo el asfalto que hay entre tú y yo.
"Cómo odio pelearme con la razón",
-me dice el corazón todas las noches-
"Ojalá entendiera que esto es un caso de amor o muerte",
-me repite-.
Cómo le explico ahora yo a él,
que a partir de ahora su función no es más que bombear sangre,
que tú ya no estás,
que ya no tiene que quererte.

Tendría que haber tratado de olvidarte,
tendría que haberte dicho
que ya no quería que me sacaras a bailar,
que yo lo que quería era que me invitaras al baile de tus caderas en frenesí,
al sí quiero, romper todos los miedos que encarcelan mi vida.
Que si me daban a elegir,
Me quedaba con tu boca.
Ahora es cuando toca ser fuerte,
Mirarte de frente y decirte
Que a veces querer es dejar ir,
Es morir
Para que otro viva.


Y ahora dime si vas a buscar esta sonrisa en otras bocas,
si vas a besar su cuello como me besabas a mí,
si vas a tener miedo a perderla como yo tuve miedo de perderte a ti,
si me buscarás entre los pliegues de tus sábanas después de correrte con ella
con la esperanza de encontrarme ahí y poder arrancarme un abrazo.
Enamórate y quiere a quien venga,
pero
no
te
olvides
de
mí.

Escríbeme una carta de despedida,
dime que soy lo peor que ha pasado por tu vida,
que yo te seguiré diciendo:


Un placer haberte perdido, el dolor va a seguir siendo mío.


.




"Si no era amor, era vicio. Porque nunca ninguna boca me había hecho regresar tantas veces por un beso."

⭐🔙

Y como una tonta, te permití odiarme y dejar que te reconfortaras en tu mundo lleno de Paredes. Deje que los días pasarán y sin darme cuenta ya te había perdido. Te he llorado cada día todos estos meses marcados por tu ausencia. Pero lo peor de todo ha sido el hecho de pensar qué te había olvidado, que podía vivir sin ti, y que cualquier otro hombre podría hacer que me sintiera como tú lo hacías. Que cualquiera podría imitar la manera en la que me tocabas, la forma en la que tus manos, angustiadas, rozaban mi epidermis en busca de algo que jamás encontrarían. Una búsqueda infinita que terminaba en mi corazón

Y ahora que has vuelto, cuando pensé que era inmune a tus encantos, que ya no te necesitaba, que no te quería; cuando casi han pasado más noches que días y esa pequeña máquina bombeadora que se aloja en mi pecho izquierdo a aprendido a latir otra vez sin ti, tú vuelves con tus dos cojones y haces que se me caigan las bragas como el primer día. Haces que se me caiga el corazón, y las lágrimas. Y desmontar toda esa historia que mi cabeza había creado para protegerse del dolor. Pero es que lo peor de todo es que no puedo evitar quererte. No puedo evitar que seas tú. No puedo evitar soñar con todas las noches que nos peleamos con las sábanas, arañamos colchones, y nos dimos la mano para perdernos en el amor. Y lo que nos gustaba sonreirnos desde la otra punta de la habitación...

Por eso, ahora, tengo el corazón tan encogido que no sé si es capaz hacer circular mi sangre.  
Porque solo de pensar qué te quiero como el primer día, que estoy enamorada como el primer día, me rompe y me mata mil veces en cada segundo. Y sólo con tus besos, tus caricias, tus mordiscos, tus miradas, y tus sonrisas, soy capaz de arreglarme.

Porque esa herida que vivía en mi pecho, abierta y en carne viva, llena de sal y de alcohol, ya no está. Y no es como si se hubiera curado. Es como si, directamente, nunca hubiera estado.

En verbo.

Hablemos para aclarar
Sigamos para confiar.
Sonriamos para ser felices, juntos.
Queramonos, como antes, como siempre, sobre todo y sobre todos. Olvidemos y volvamos a empezar. Paso a paso
Beso a beso.
Que seas ,

en mis siete vidas.


Me duele el pecho.
Me falta el aire.
Noto el bombeo de la sangre.
Estás ahí.
¿Eres real?
Quédate, por favor. 
Dejame llorar en tu pecho,
con tu mano sobre mi mano.
Después,
si quieres,
vete.

Mas que todo.

Basta por favor, de mascaras de dureza, y de fondos rotos. Hasta que no me devuelvas el corazón no voy a poder vivir. Estoy cansada de sonreír por las mañanas sabiendo, que mi sonrisa se fue contigo. Que lo tengo todo y me siento vacía. Estoy con gente, y aun así me siento sola. Estoy harta de esconder el dolor y las lágrimas. Y sé que estas leyendo esto, al igual que yo te leo a ti. Y creo que tengo derecho, después de lo mal que lo hemos hecho y del daño que aún hoy nos seguimos causando, a pedirte algo. O me quieres en todo, o desaparece para siempre, por favor. Porque cada día que se que sigues ahí y no estas aquí curandome las heridas que yo misma me provoque, me mata un poco más. Y de verdad, que mi corazón esta sobresaturado. Vive en una disolución de sal, y aunque parezca latir, escuece como el alcohol en una herida de bala. Sigo teniendo la esperanza de que me recuerdes y sonrías. De que te despiertes y recuerdes esos días en los que despertamos juntos, después de noches de sueños, de luchar contra las sabanas, de miradas que derrochaban amor verdadero. Quiero que te acuerdes de mi olor, y que eches de menos mis besos, como hago yo. Y nuestros abrazos, y nuestras sonrisas, nuestros momentos. Nuestra vida y el futuro que planeamos, que podemos aún resucitar. Siento que ya no se que hacer ni que decir, para que sepas que no te he olvidado, y no porque no quiera. Has sido como ese frío que cala los huesos, que moja por dentro. Y sé que cuando cae una lágrima, es por algo hermoso que me pasó y que posiblemente, nunca vuelva a rozarme los labios, o a entrelazar mi dedo meñique con el suyo. Porque eso de tirarse eruptos y pedos, contigo dejaba de ser repulsivos. Hablar de caca era genial, y comerse un moco podía considerarse sexy. Y cuando lloraba mientras coseguiamos ser uno, o cuando la canción de Los Científicos sonaba de fondo mientras nos dejábamos llevar... Era feliz. Y pase lo que pase, no lo voy a olvidar. Pero por favor, deja que las agujas que se alojan en mi pecho vivan ahí, sin apretarse. No las muevas a tu antojo para alimentar mi dolor, que ya es bastante difícil respirar. Porque en el fondo, por mucho odio que haya, seguimos siendo esas personas que corrían como críos por una arena que no existe ya, y que se enamoraron en un verano cálido que hizo florecer lo mejor que el mundo ha podido ver nunca.
Gracias por todo, fulburrio.
Ella, era un desastre,
un desastre en eso de vivir,
y en todo lo de amar.
Era un desastre que lloraba cada vez que estaba sola,
Y un desastre roto, tan roto,
que no sabía como salir de los escombros de su vida en ruinas.
Era un desastre perdido,
tan perdido como un náufrago en mitad del mar,
Y un desastre loco, tan loco,
que el rimel corrido no le quedaba tan mal.
Es cierto que era un desastre,
pero era el desastre más bonito que jamás había visto.

Borja Martinez.

Me despertó el sonido sordo de las gotas de agua inmolándose contra la ventana de mi habitación. Era una mañana grisácea del mes de Noviembre y juraría que había sido la primera noche en semanas que había logrado dormir de manera consecutiva. Me revolví contra las sábanas con mis sentidos aún embotados y tratando de asimilar su retorno a la vigilia y me froté los ojos, secos, que parecían luchar con todas sus fuerzas contra la posibilidad de abrirse por completo a la gélida luz natural que inundaba la habitación. Tras vacilar durante un par de minutos, hice acopio de la escasa voluntad que pude reunir y fui al baño para dejar que fuera el agua caliente la que se encargara de devolverme a la realidad.

Cuando regresé a la habitación me planté frente a la ventana y, tras unos segundos de ceguera, contemplé el enmarañado paisaje urbano que se extendía en todas las direcciones como una jungla de hormigón y hierro. Bajo un cielo plomizo sembrado de nubes que daban la sensación de venirse abajo como un alud en cualquier momento, millares de gotas centelleaban durante una fracción de segundo antes de desaparecer sobre la superficie de tantos tejados como desde allí alcanzaba la vista. Abajo, sobre las aceras cuya suciedad el agua daba la sensación de multiplicar copiosamente, tan sólo se adivinaba la presencia de un par de transeúntes caminando bajo los abombados octógonos que conformaban sus paraguas, intentando protegerse del insistente chaparrón y, quizás, de aquellas nubes que amenazaban con derrumbarse sobre ellos como un saco de ropa mojada.

Pensé en cómo la lluvia me había fascinado desde que, siendo apenas un niño, caminaba por la calle mientras observaba atónito cómo ésta había alterado por completo el entorno con esa capacidad inusitada para aparecer repentinamente y adornar, transformar o incluso destrozar las cosas para después evaporarse y desparecer como si nunca hubiera estado allí. Desde entonces, montones de veces en mi vida deseé ser lluvia. Deseé aparecer de la nada, acompañado por las atronadoras fanfarrias de un sinfín de oscuras nubes, y abalanzarme sobre la ciudad hasta cubrirla por completo. Filtrarme de manera incontrolable por cada uno de sus resquicios y penetrar en cada grieta del ánimo de sus habitantes. Hacerla mía de manera incontestable, ajeno a toda responsabilidad, y después dejar que el sol me llevara hacia arriba en un cálido ascenso rumbo a mi próxima caída.

Miré hacía una de las tantas ventanas que desde mi posición resplandecían reflejando aquel crepúsculo de luz y me pregunté cuántas personas se encontrarían en ese momento contemplando desde el otro lado del cristal la caída de aquel océano fragmentado. Me pregunté cuántos de ellos habrían deseado alguna vez ser lluvia. Cuántos de ellos apreciarían la belleza y el misticismo con que la lluvia adornaba esos rincones de la ciudad en los que, generalmente, la mayoría de las personas jamás reparaban en mirar. Al margen del hecho de que por entonces vivía en uno de los puntos más altos de la ciudad, consideré  igualmente  que probablemente fueran muy pocas, o puede que incluso ninguna. Volví a la cama, a aquella cama de mil batallas, y me tumbé entre las revueltas sábanas, cuyo ligero tufo a sudor quedó inmediatamente anulado por la afrutada y fresca fragancia que el gel de baño y el vapor del agua caliente habían adherido a cada uno de mis poros. Miré el reloj. Apenas eran las diez de la mañana y repentinamente,  la perspectiva de que aquel sería otro interminable día de tedio y frustración empezó a tomar forma en mi mente.  


Desde que, hacía dos meses, decidí una mañana cualquiera levantarme de la silla frente a aquel escritorio sobre el que sólo podía sentir que había desperdiciado los últimos siete años de mi vida y abandoné mi puesto de trabajo sin intención de volver jamás, apenas había salido de casa más allá de para obtener los recursos básicos que una persona necesita para subsistir en su día a día.

En ese relativamente corto lapso de tiempo, no quedé con nadie, ni hablé con nadie. Durante aquellos dos meses experimenté la soledad en su estado más puro y difícilmente puedo decir si durante ese tiempo existí para alguien, o si realmente existí fuera de los límites de mi propio pensamiento. Mi cuerpo ejerció como un simple envoltorio, en apariencia vacío, que parecía funcionar de manera automática, adiestrado para realizar las labores diarias que necesitaba para sobrevivir. Mientras tanto, mi mente permanecía atrapada en una densa niebla. Una niebla tan espesa que no permitía vislumbrar futuro alguno más allá de un desalentador blanco que evocaba el más triste de los vacíos y tan densa, que el simple hecho de querer enlazar ideas y conceptos se antojaba una labor titánica. Pero, aquel día, algo cambió.


Gracias Borja, por dejarme publicar este hermoso fragmento en este blog. Y para finalizar tan maravillosa experiencia, un comentario:

 "La soledad es algo subjetivo. Nadie esta solo nunca si no lo autoelige. Siempre habra alguien dispuesto a estar contigo, a tu lazo, en los peores momentos, amándote. Aunque te haya odiado. Y como ultimo recurso, tu mismo estarás."

💫

Dicen que soñar es gratis, pero personalmente, yo no me lo creo. La vida siempre te cobra los favores, tarde o temprano. 

Soñé un futuro perfecto, inmutable, inminente. Y si, la hostia fue tremenda. Al principio se sonríe por aparentar. Y no niego que hoy en día sea de alguna otra forma. Pero a ser feliz se aprende sonriendo. O al menos ese es el cuento que quieren hacernos creer. 

Mil cosas que decir aún me quedan respecto a esa historia. Mil cosas que recordar, como la última mirada, el último beso, el último te quiero, y sobretodo, la última lágrima. Porque hay que sonreír y pagarle lo mínimo posible a este camino loco y pedroso que llaman vida. Hay que levantar la cabeza orgulloso, andar con caminares nobles, y no sentir ni una pizca de dolor. Porque son recuerdos. Recuerdos hermosos que seguramente, nunca volverán a recrearse salvo en tu mente. Sonríe, pero de verdad, por sentir un sentimiento tan humano como el amor, y por intentar refrenar lo más sincero existente, el odio. 

Porque no se puede odiar a quien no se ha amado. Y no se puede soñar con algo que en un momento, por mínimo que fuera, no fuera posible.

Rectifico.

Siempre escribo pero nunca borro. Siempre siento y no reivindico. Pero tengo un matiz que matizar, una palabra que nombrar, unas letras que juntar.

El amor se pudre porque las personas cambian. Los recuerdos son imborrables, pero las esperanzas son atrofiables. Y sinceramente, de ti ya no espero nada. Fue, pero nunca más será. Te quise, te ame, morí. Pero nunca más ocurrirá.

aL cuadrado.

El amor solo es amor si perdura, si duele, si cambia, si mata. El amor de verdad es eterno, y los enamorados, por lo tanto, también lo son. Pero el amor se oxida, como el metal expuesto al temporal de un pueblo costero. Aunque en el fondo, sigue siendo amor. Y ni un millón de siglos podrán cambiar eso.