Esperar a que el corazón se pronuncie.

Intentamos nadar a contracorriente en un bote sin motor. No contamos ni si quiera con un remo. El único que teníamos se rompió hace tiempo. La corriente se vuelve cada vez  más fuerte, y próximamente llegaran los rapidos. Sólo nos queda un chaleco salvavidas y ninguno le quiere. Que orgullosos. Por eso perdimos el remo. La barca no aguantará mucho más, pero no queremos remar más. El cansancio ya hace estragos. Simplemente nos tumbamos y nos abrazamos, mirándonos fijamente a los ojos mientras oimos la madera crujir y despedazarse. Nuestra mirada de complicidad dice que ya no merece la pena intemtar remar. Nuestras manos se apretan fuerte, y agua dulce refresca las yagas de nuestras heridas caras. Hemos llegado muy lejos. Pero ya no hay remo, y la barca está vieja. ¿Qué más podemos hacer?

Podemos luchar y seguir hiriendonos, con la esperanza de llegar pronto al nacimiento del río y poder descansar en paz por fin. O parar y dejar que la barca se rompa y la corriente nos aleje. Nuestras miradas han hablado, pero tenemos que esperar a que el corazón se pronuncie.
¿Tú que ves el vaso medio vacío o medio lleno? 
Yo ya no veo ni siquiera el vaso. Hay tanto agua que ha desbordado. Pero el agua no está dentro del vaso, si no cubriendo mis ojos. Ya no se ni qué día es hoy, ni cuál fue ayer. Quizás sepa que será mañana, pero no me detengo a pensarlo demasiado. Total, ¿para qué pensar si eso no va a hacer que entre en calor o que pare de llorar? Quizás sea dramática, pero ya me ha tocado el papel contrario demasiadas veces. El cansancio es palpable, pero no quiero que se vaya. Al menos él me abraza con más cariño de lo que muchos lo hacen. 
Que ir de cama en cama y huir por las mañanas no es la solución. Eso es de cobardes. Pero sí, soy una cobarde. De esas que prefieren ocultar la verdad antes que enfrentarse a ella. ¿Pero que hay de malo? Es mejor eso que mentir. 
Y mientras tanto un torbellino ronda mi cabeza, destrozando todos los muebles. Quizás por eso el dicho de "a tu edad niña, aún no se tiene la cabeza amueblada". Yo la amueble, pero algo lo desordena todo. Y mi problema es que nunca le pillo con las manos en la masa. Se esconde demasiado bien, y actúa demasiado deprisa.