Come, bebe y quiere(me).

Lo siento si en ocasiones me ablando, me fallan las piernas, o no puedo hablar por ese puto nudo de garganta que la vida y los recuerdos me provocan. Lo siento si en ocasiones parezco humana. Siento no ser una roca fuerte, sin ningún punto ciego. Perdón por equivocarme y por intentar aparentar dureza. 

¿Pero sabes qué? Es cómo soy. No soy perfecta, ni mucho menos. Y tampoco creas que lo intento demasiado. Pero el tiempo pasa, y la gente cala. Hondo. Muy hondo. Tanto que duele pensar casi más que sentir. Pero es un dolor bonito. Como el picor de unas bravas si se tiene una buena cerveza al lado. Y no se cómo te sentará que te diga, que me es completamente indiferente tu opinión, pero mira, allí, entre la gente. Es un camarero. El que dices que tiene cara de chulo, por ejemplo. Y trae patatas y cerveza. Indefinidas. Hasta que nos cansemos, o hasta que queramos dejarnos de querer. Ya decidiremos cuando llega ese momento. 

Por ahora come, bebe, y quiere(me).

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