El tiempo pasa y a veces no merece la pena mirar atrás. ¿Para qué? ¿Para sonreír por un recuerdo idiota y luego romper a llorar? El plan era perdernos ¿sabes?, no perderte. Y ahora solo sé que estoy sola una vez más. Como siempre ¿no? Nada nuevo. Si es difícil olvidar cuando se odia, y también cuando se quiere, imagínate cuando se sienten las dos cosas a la vez. Y en el fondo, me gusta odiar. Porque nadie odia por conveniencia, ni siquiera lo finge. Es algo tan malo que nadie lo haría para ganar nada, porque no hay nada que ganar. Es un sentimiento sincero. El más sincero de todos, me atrevería a decir. Porque cuando te veo por la calle te odio, aunque crea que te quiero. Pero quizás te siga queriendo. ¿Quién sabe? Yo no. Yo ya no se nada. Ni me quemo la mano por nadie. Solo por mi. Y por ellas. Ellas que siempre han estado ahí. Esperándome. Siempre han sabido que volvería porque me daría cuenta de que te odio. Y lo hice, aunque no como quisiera. Pero ya sabes, estaban todas esas mierdas de las que uno se tiene que fiar cuando le dicen que te quieren. Y yo sé que tú lo hacías. A veces me planteaba si estábamos a la misma altura. Y quizás nos amamos, pero el tiempo no quiso que nos quisiéramos. Y ya estoy harta de que todas las historias escritas sean de amor, y tú mi protagonista. Que perteneces a libros ya quemados. Cuantas hojas escribimos... Y cuanto humo emitimos.

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