Diario de una bulimica.

Aún recuerdo aquel día en que decidí coger el camino fácil. Mirarme al espejo era provocar la aurodestrucción de cada una de las células de mi cuerpo, provocando un nuevo BigBang en mi interior cada vez que mi imagen se reflejaba en mis retinas.

Ver mi cuerpo por mi misma era peor que escuchar un grito de "gorda" por la calle, o el sufrir las miradas de acusación por los pasillos del instituto, centrandose en cada abultación de más que mi ropa no conseguía disimular.

Esa sensación me consumía y me hacía ahogar mis penas y reprimir mis miedos comiendo más aún. La báscula cada vez apostaba por un número mayor, y llegó un momento en el que toda la cordura abandonó mi cabeza y la desesperación se apoderó de mi. Me arrodillé enfrete del que se convertiría en mi peor aliado, y las yemas de mis dedos fueron al encuentro de mi garganta, ya sensible y enrrojecida de chillarme cada vez que veía mi silueta.  Y vino la primera arcada. Y la segunda. Y todas las demás.

Al principio todo parecía ir bien. Podía comer todo lo que quisiera, y después, simplemente provocarme el vómito. Pasaron un par de meses, y sí que habría dado resultado. Había bajado considerablemente mi peso. La balanza ya no me miraba con asco. Quise parar de hacer aquello por lo que había conseguido alejar un poco mis miedos e inseguridades. Pero no fue tan fácil. Mis citas concertadas en el baño desde hacía ya tanto tiempo, no querían irse. Y llegó un momento en el que ya no pude evitarlo. Era como un bucle insaciable. Y los meses pasaban y mi cuerpo empequeñecia.

No recuerdo mejor día que aquel que me atreví a pedir ayuda. Porque si, había adelgazado, pero no hay peor sensación que la de no controlar tu cuerpo. Incluso llegó un momento, en el que perdí de vista los horarios. A veces tenía que salir de clase porque esa sensación llegaba de entre las sombras.

Hoy, he aprendido la lección. Yo lo superé, pero hay muchas otras personas que no. La bulimia es algo muy serio, aunque no lo parezca. Suele empezar con un "vomito porque hoy he comido demasiado" y al final se vuelve algo rutinario. Da igual lo aue piensen los demás sobre tú físico. Si decides cambiar, que sea para satisfacerte a ti mismo. Ss muy fácil escoger los atajos, pero a la larga se encuentran muchas zarzas en el camino. Con la salud no se puede jugar, porque tenemos todas las de perder.

Sinceramente, desde el día en que comprendí que la forma correcta de adelgazar era trabajando duro y haciendo ejercicio, he vuelto a recuperar la confianza en mi misma. Me siento orgullosa de mi y de lo que estoy consiguiendo.

Ahora puedo mirarme al espejo sin sentir repulsión. Las horas de las comilonas y sofá han sido sustituidas por actividades como baile u horas de natación. Y me encanta, nunca se me borra la sonrisa de la cara. Porque ahora soy quien quiero ser.

No hay comentarios:

Publicar un comentario