"La tenía desnuda delante de mi, y yo aún la veía con su sudadera vieja y sus pantalones rotos."

Si, rotos. Como su corazón. Nunca nadie la había querido, nadie se había preocupado por ella. Hasta que llegué yo. El príncipe a galope de un hermoso corcel. Pero todos los cuentos se tuercen, y la princesa estaba ya bastante harta de andar haciendo curvas. La ilusione, conseguí que fuera mía de todas las maneras posibles, hasta que se desnudó del todo.

Su oscuro pasado había estado en mis manos, otorgándome todo el poder sobre su vida. Decidir si dejarla que buscara sus piezas ella sola en esa habitación fría y sin luz, o darla la mano para ayudarla a buscar el interruptor.

Y entonces, y solo entonces, con su piel brillando a la luz de la luna, me di cuenta de lo pura que era, y de todos los moratones y cicatrices que marcaban su piel. 

Yo no era un príncipe, ni tenia un hermoso corcel. Quizás yo fuera la oscuridad que la desgasta, pero ella solo veía el camino que había dejado atrás, y todo era más brillante que eso. Incluso yo.

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