¿Tú que ves el vaso medio vacío o medio lleno? 
Yo ya no veo ni siquiera el vaso. Hay tanto agua que ha desbordado. Pero el agua no está dentro del vaso, si no cubriendo mis ojos. Ya no se ni qué día es hoy, ni cuál fue ayer. Quizás sepa que será mañana, pero no me detengo a pensarlo demasiado. Total, ¿para qué pensar si eso no va a hacer que entre en calor o que pare de llorar? Quizás sea dramática, pero ya me ha tocado el papel contrario demasiadas veces. El cansancio es palpable, pero no quiero que se vaya. Al menos él me abraza con más cariño de lo que muchos lo hacen. 
Que ir de cama en cama y huir por las mañanas no es la solución. Eso es de cobardes. Pero sí, soy una cobarde. De esas que prefieren ocultar la verdad antes que enfrentarse a ella. ¿Pero que hay de malo? Es mejor eso que mentir. 
Y mientras tanto un torbellino ronda mi cabeza, destrozando todos los muebles. Quizás por eso el dicho de "a tu edad niña, aún no se tiene la cabeza amueblada". Yo la amueble, pero algo lo desordena todo. Y mi problema es que nunca le pillo con las manos en la masa. Se esconde demasiado bien, y actúa demasiado deprisa. 

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