Dar(le) lo mejor de ti.

Odio esos días en los que todo es negro y de colores oscuros. Odio esos días en los que no tengo dibujada una sonrisa en la cara y en los que ni el mejor abrazo del mundo podría alegrarte. Esos días en los que eres la más gorda, fea, estúpida y torpe. Y el que piense lo contrario es gilipollas. Cuando por muy limpio que este todo, siempre ves algún fallo. Odio esos días en los que prefieres la soledad antes que su compañía. O cuando te gustaría coger el borrador y borrar toda tu vida de la pizarra, para volver a empezar de cero; sin errores, sin confianzas, sin sentimientos; para que nadie pueda hacerte daño. Esos días en los que ni la música puede sacarte del bache, ni su mirada, ni su olor, ni nada. Todo es asqueroso y una mierda. Esos días en los que cogerías una chaqueta y empezarías a andar. Sin mirar atrás. Sin recordar nada ni nadie. O cuando te sientas frenre al papel, coges el bolígrafo y no te sale nada. Esos días sabes que no se deben ni a un moratón en el dedo ni a una herida en el pie. Es algo mucho más profundo. Algo inexplicable, porque ni tú misma lo entiendes. Algo que desaparece en unos minutos, pero que sabes que volverá, porque siempre vuelve. Así que lo único que puedea hacer es disfrutar del tiempo en el que este sentimiento está ausente y dar(le) lo mejor de ti.

Fulburrio.

Persona importante en la vida, imprescindible, imposible ser feliz sin ella. Te saca las sonrisas más sinceras, siempre sea el momento que sea. No te cansas de ella, y cuando no está la echas de menos. No cambias sus besos ni sus abrazos por nada del mundo. Es una persona perfecta con sus miles de defectos. Es una persona única, especial.

Como un mundo sin agua.

Ese beso me dejó sin aliento, como todos los que me daba. Eran únicos, auténticos. Como él. Luego me abrazo y me levantó unos palmos del suelo. Parecía que volaba entre sus brazos. No recordaba un momento mejor. Bueno, todos los que pasaba junto a él eran alucinantes. No podía permitir que terminara. Si él se iba, yo me hundía.

Jé.

Y si, puede que tenga una vida llena de tachones y de palabras difuminadas. Puede que algún "te quiero" ande por ahí suelto, vagando perdido. Puede que tenga más heridas de las que pudo llegar a tener Jesus en la cruz, y claro, que cada vez que las toco duelen. Pero esas heridas marcan finales. Finales que tienen una historia. Una historia bonita, feliz. Y por eso me ha doliso tanto decir adios. Pero en el recuerdo siempre quedan las partes dulces, los monentos agradables. Asi que aún siendo una mártir de la vida, aún teniendo la piel llena de llagas que nunca van a sanar, sonrío. Porque cada una de esas marcas de dolor me hace recordar. Recordar que son parte de mi y que siempre lo serán. Recuerdos que me hacen recordar. Tan solo eso. Pero a veces no viene mal echar la vista atrás. Revisar errores, por los que primero sonreí y luego lloré. Pero aunque hayas derramado mil lágrimas, no puedes arrepentirte, porque te esteías arrepintiendo de tu pasado, de tu vida. Te arrepentirías de ser tú, y de haber sido injenua algún día. De haber pensado con el corazón y no con la cabeza. De haber sido auténtica, de haber sido tú. Y eso no debería estar permitido. Que ya nos tenemos que callar bastantes veces a lo largo de la vida. No podemos dejar de ser nosotros mismos. Si no el mundo sería una mentira. Hay que aceptar nuetras acciones y vivir con las consecuencias. Eso de lo que tú te arrepientes te hizo llorar, cierto. Pero también sonreir y lo sabes. Y algún día una de esas decisiones cambiará el rumbo tu vida, o tu manera de ver el mundo. Algún día una de esas decisiones hará que sonrías para siempre. Y sí, puede que tenga una vida lleba de tachones, y de palabras difuminadas. Puede que algún "te quiero" ande por ahí suelto, vagando perdido. Puede que tenga más heridas de las que pudo llegar a tener Jesus en la cruz y claro que cada vez que las toco duelen. Pero aún así, sonrío ante cualquier cosa y lucho por ser feliz.

Momentos.

Hay momentos de los que te arrepientes toda la vida. Como cuando dejas escapar a alguien importante para ti. Cuando no luchas para que se quede; cuando lo dejas marchar. Y cuando regresa todo ha cambiado, menos lo que sentías por esa persona. Porque cuando la vuelves a ver, todas esos sentimientos que estaban enterrados, afloran y vuelven a la superficie, poniendo en peligro todo lo que tienes ahora. Al principio las empujas hacia el rincón más solitario de tu cabeza, los encierras en la habitación más oscura de tu cerebro. Pero siempre, de alguna manera, consiguen salir. Asi que la única opción que queda es aceptarlos e ignorarlos, aunque no sea fácil. La única opción que queda es aceptarlos e ignorarlos, aunque no sea fácil. La única opción que queda es ignorar esos labios, que en un pasado te besaron y te hicieron sentir especial. Ignorar esos ojos, que te miraban como si fueras única. Ignorar aquellas manos, que te dedicaron las caricias más dulces, más delicadas. Ignorar a la persona con la que tiempo atrás viviste momentos fantásticos, momentos irrepetibles. Ya sólo puedes ignorarlo; aceptar que ahora hay otros labios, otros ojos y otras manos. Aunque cuando te besen, te miren y te toquen; aunque lo hagan mil veces mejor; no te harán sentir lo mismo. No harán que tu corazón palpite como lo hacía antes.

Cuando es amor, nada lo puede.

Y ahí estaba él, bajo la lluvia, siendo azotado por las gotas. su rostro reflejaba desesperación. Ya sabía lo que deseaba: que esos diez metros que nos separaban desaparecieran y que nuestros labios se reencontraran, fusionándonos en uno y prendiéndolo todo de fuego. No pude reprimirme más y salí corriendo a su encuentro, al refugio de sus brazos. En el momento exacto en el que nuestros cuerpos se tocaron, sus ojos se tornaron cálidos. Pronto noté su calor corporal. sus abrazos eran fuertes y dulces a la vez. La lluvia se intensificó, pero no tenía ya importancia para nosotros. Nada importaba. sólo nosotros y ese momento. Todo era perfecto. Al fin todo había acabado. Por fin éramos libres. Por fin podíamos estar juntos. Por fin podíamos querernos. Me di cuenta de que el amor es más fuerte que cualquier otra cosa, si es verdadero. "Te quiero"; me dijo. Mi corazón dejó de latir unos segundos para empezar con fuerza un spring de pums. Él lo notó y me besó de esa manera de la que sólo él sabía besarme.

Seguía ahí, y siempre lo haría.

Derrotada, pegué mi espalda a la pared y me deslicé hasta el suelo. No tenía una noche tan mala desde hacía mucho tiempo. Aún no había amanecido. La oscuridad que reinaba en la calle penetraba en mi habitación a través de las rendijas de las persianas y formaba extrañas sombras en las paredes que me rodean, haciéndome sentir cada vez más pequeña e insignificante. Las gotas de sudor comenzaron a secarse. Me di cuenta de que todo mi cuerpo estaba empapado. Pero el miedo me paralizaba. No podía moverme. Las lágrimas desbordaron por mis ojos y no pude hacer nada. Sólo temblar de miedo y tiritar de frío. Sola, entre aquellas cuatro paredes. Esa pesadilla me perseguía. No me dejaba ni una noche tranquila. Perderle era lo peor que podía pasarme. Incluso preferiría la muerte. El dolor me abrumaba. Pero justo en el momento en el que ya no podía retener más los gritos de pánico, el teléfono vibró, Era él. Mi sueño se repetía todas las noches, al igual que su llamada para tranquilizarme y decirme que seguía ahí, y que siempre lo haría.

Si no lo inventamos, no existirá un final para nuestra historia.

Mi mano acariciaba lentamente su pecho, mientras mi cabeza estaba colocada en el hueco exacto para que mi oído coincidiera justo encima de su corazón. Su mano izquierda jugueteaba dulcemente con algunos mechones de mi pelo. Sus dedos libres correteaban por mi espalda, dibujando extrañas formas geométricas y dejando un rastro de intenso fuego allá por donde pasaban. Sus labios besaron mi frente y un escalofrío tan intenso como mi felicidad en ese momento, inundó mi cuerpo. Él sonrió con esa sonrisa suya que iluminaba toda la estancia. Yo, anonadada con la inmensidad de sus ojos, había perdido la noción del tiempo. Ya no importaba nada, sólo nosotros. Nuestras caricias, nuestros besos y nuestros juegos de miradas. Porque desde hacía ya bastante tiempo nos habíamos vuelto especiales. Nos complementábamos. Nos apoyábamos, nos ayudábamos. Nos queríamos. Y así lo demostrábamos, con nuestros interminables días y nuestras cortas noches juntos. Jugando a ser más listos que la luna. Más brillantes que el sol. Jugando a querernos y a robarnos besos. Jugando a ser eternos, a no tener fin.

La gente falla.

La gente falla, el tabaco produce cáncer, comer chocolate engorda, depilarse duele, el invierno es frió  el verano cálido, el amor es dolor, los recuerdos se olvidan, las palabras se las lleva el viento, las primeras veces siempre estarán ahí, los colores se mezclan, los sonidos se dispersan, los rostros envejecen, los ojos permanecen, los legales escasean, las piernas andan y los brazos esquivan, los ricos roban, los pobres mueren de hambre, el polvo se remueve, el cemento se seca, el pelo crece, la gente falla.

Porque aunque no seas el centro del mundo, eres el centro de mi mundo.

Cuando me besó por primera vez, algo cambió en mi interior. Todo se puso en orden, cobró sentido. Como si dos piezas que nunca habían encajado al fin se complementaran. Pero eso no es todo. Algo se activó, como un botón de ON/OFF; y de repente, lo sentí. Sentí eso de lo que las leyendas hablan, de lo que los borrachos comentan, y de lo que los niños sueñan. Sentí que de un momento a otro, todo había cambiado. Mis pensamientos habían sido sustituidos por impulsos de acciones, pero que tan sólo se quedaban en eso, en impulsos. Mi manera de ver el mundo, había cambiado. Los colores eran más brillantes, los sonidos más nítidos, y los olores más intensos. Aprendí de repente todo eso que la vida no me había permitido aprender antes, y que el miedo nos impide vivir. Supe que a veces, tal vez hay que dejarse la piel, pero sólo por la gente que merece la pena. Me di cuenta de que es hora de cambiar el mundo, y de que nadie puede impedir que cumplas tus sueños. Que la vida está para vivirla cometiendo errores y equivocándose. Y me di cuenta, de que los sentimientos están ahí, por mucho que queramos reprimirlos. Que cuando se quiere de verdad, es imposible no demostrarlo. Es imposible no sonreír cuando esa persona está delante. Que se vuelve el centro de todo, y por mucho que lo intentes, eso ya no lo puedes cambiar.

Impotencia.

La rabia corre, me invade. En apenas unos segundos inunda todo mi cuerpo, no queda ni un milímetro libre. Las maldiciones y las palabras malsonantes se disparan de un lado a otro de mi cabeza. Las lágrimas causadas por la impotencia no tardan en desbordar de mis ojos y recorrer mi rostro hasta llegar a la punta de la nariz para así, saltar al vació.
Te subestimas. Lo entiendes todo, pero no quieres aceptar el hecho de que seas inteligente. No prestas atención, no desarrollas tu potencial. La gente no te engaña, tú piensas que lo hace. Pero en realidad eres tú, que quiere ser engañado.

No todo lo que reluce es oro, ni todo lo que tocas es real.

Todo se para. Cuando te miro, el tiempo corre más despacio. Me permite analizar cada detalle, cada minúsculo defecto que forma tu admirable perfección. Y aún teniéndote a mi lado, cogiendo mi mano y abrazándome, no puedo terminar de creer que al fin seas mío. Sinceramente tengo miedo a despertar  y que te hayas esfumado. Que todo sea como antes, que no supieras que existía. Por eso, a veces necesito asegurarme de que estás ahí, conmigo.

Fin.

No lloro, pero mi vaso no soporta ni una gota más. Soy como una caja a rebosar de mierda. Ya no hay sitio para más. Hay que vaciar para volver a meter. Que por muy grande que sea algo, siempre tiene un final. Y este algo ya ha tocado fondo. Si no confías en mi, yo no tengo la culpa. No he hecho nada para traicionarte. Pero si no te gusta mi manera de hacer las cosas, no es mi problema. Yo soy como soy. Tú siempre me has enseñado a ser auténtica, a ser fiel a mis principios. Ante todo, legal. Y eso es lo que llevo tres años haciendo. Si no te gusta, lo siento. Ya es tarde para cambiar. Yo sólo me soy fiel a mi misma, lo demás me come el coño.

Que suerte el tenerte.

Y así es como el tiempo se para, las miradas se encuentran y los besos se roban. Las manos se deslizan por los precipicios de sus caderas, y no dejan ni un centímetro de su cuerpo por recorrer. Todo arde. Ahí dónde toca es fuego. El fuego más intenso que he visto nunca. Y así es mi día a día. Así es el tenerte, el disfrutarte, el ser feliz a tu lado. Y asi es el haberme enamorado de él.

No puedes pretender deshacerlo.

No puedes pretender no hacerme daño. ¿Nunca has oído eso de que el amor duele? Pues así es esto. Si no querías hacerme daño, no haberme enamorado. Sé que no te gusta, que lo detestas. Pero prefiero sufrir por alguien a quien quiero antes que por alguien que me engañe y defraude.

¿ Príncipe o rana?

Y no pienses que todo lo que me llega a mi te llega a ti, No es así. Yo te protejo mucho más que tú a mi. cuando en mi mente hay tormenta, tú apenas te mojas. ¿Lo intentas a caso? ¿Intentas mojarte? ¿O prefieres quedarte en tu paraguas de indiferencia? Ya da igual. Llevo toda la vida sola, no he necesitado nunca la ayuda de nadie. Así que no vengas ahora de príncipe azul, con tu perfección y tus frases de cuento de hadas, porque esta princesa ya es vieja, y ya ha convivido con muchas ranas. Que mi fuego y mis castañas son solo míos. Si te caes te ayudo a levantarte, pero ni sueñes en que voy a caer contigo. Y ahora, querido principe, vuelve a tu querido mundo perfecto. Y no, no me pidas que vuelva contigo, porque hace tiempo que no piso esos valles. Que hace tiempo que vivo en el mundo real. Afrontando los problemas de frente.