No lo tires todo por la borda, no vale la pena.

Que fácil es decir "te quiero". Pero que difícil es demostrarlo. Porque cuando todo es perfecto, aparece algo aparentemente más perfecto aún... Pero no podemos fiarnos siempre del físico, de la apariencia. Porque la persona más anciana puede no ser la más sabia. Sinceramente, no puedes arriesgarlo todo por hacer algo prohibido. Porque cuando lo haces, te das cuenta de que no merecía la pena. Que no has sido más valiente por habértelo jugado todo a una carta. Que la has cagado y lo que de verdad te hacía feliz se ha esfumado porque lo has dejado escapar. A veces, hay que analizar bien las situaciones. No se puede vivir el día a día sin planear nada. Y que sí, que hay cosas que puede decir que te han dolido, y que puede que no entiendas. Pero en el fondo sabes que tenía que ser así. Y al pensar en como sonríes cuando está contigo, te das cuenta de que no lo cambiarías ni por mil millones de estrellas. Porque ni siquiera todas juntas alumbrarían más tu vida que él.

Todo perdido, todo muerto.

¿Para qué hacer la cama si a la noche siguiente la vas a deshacer con alguna chica nueva? Esa cama, que ha sido testigo de cuantas veces me has engañado, y de cuantas veces yo te perdonaba. Esa cama que ha recogido mis lágrimas y tus sonrisas, mis gritos ahogados y tus mentiras. En cada pliegue de las sábanas podría encontrar un nombre nuevo, de alguna chica a la que hiciste feliz una noche. Y todo a costa de mi dolor. Pero ya no, ya se acabó. Ahora me toca ser feliz, y olvidarte. Que después de una lucha sinsentido es hora de abandonar, de tirar la toalla. Pero no he perdido, porque me he dado cuenta de que no me mereces.

Porque amores que matan nunca mueren.

Yo escribo para que tú me leas, tu lees con la esperanza de que yo te escriba. Y así se pasa la vida, con el vaivén de indirectas y de personas que no saben si darse por aludidas o no. Y seguramente tú, que ahora me  estarás leyendo, no sabes si darte por aludido con este texto. Pues no seré yo quien te lo diga. Tendrás que averiguarlo.
He aquí una pista:
"Porque amores que matan, nunca mueren."

Me encanta recordarle.

Aún le recuerdo. Su olor sigue en mi ropa. Aunque no esté, todavía le siento cerca. Sé que volverá. A veces, me gusta cerrar los ojos mientras escucho nuestra canción y nos recuerdo, sentados en nuestro trocito de campo. Esa mirada me mataba, no podía aguantársela. Luego me cogía la mano, y acariciaba mis dedos. Seguía mirándome, y yo cada vez me ponía más nerviosa, hasta que llegaba un momento en que no podía más, y le decía "¿qué miras?" Y él me contestaba "Tan solo observaba tu belleza". Ahí, yo me sonrojaba y él se reía. Luego me levantaba la cabeza sujetándome de la barbilla y me besaba. Sus besos siempre me han dejado sin aliento, aturdida.
Mmmmmmm.. no recuerdo un momento mejor. A veces, cuando estoy triste, pienso en el tiempo que estuvimos juntos. Eso me alegra. Como aquella vez, en la playa. Ese día brillaban dos soles; él del cielo y él. Y no sé decirte quien cegaba más... Los dos estábamos tumbados en la arena. Yo tenía puesta su camiseta, estaba rodeada de su olor. Él me acariciaba la cara. Allá por donde sus dedos pasaban ardía mi piel. Aún sigo sin estar acostumbrada a su tacto, después de tanto tiempo. Yo tenía los ojos cerrados, pero bien sabía que me estaba mirando. Sus dedos recorrieron mi frente, y después me la besó. Después, tocó juguetonamente mi nariz. Después, la besó. Sabía lo que venía ahora, él rozaría mis labios y después me besaría... Pero no lo hizo. Entonces, ansiosa de sus besos, abrí los ojos y le dije "¿Por qué no lo has hecho?¿Por qué no me has besado"? Su respuesta, me sorprendió "Pensé que no querrías". ¿Qué no querría? Ja.... Si por mi fuera estaría todo el día besándolo. Es una de las cosas de las que nunca podría cansarme.
Dicen, que la vida está para que encuentres a tu media naranja. Sinceramente, habría sido mejor no encontrarle. No me gusta depender de nadie como dependo de él, como dependo de su sonrisa. Porque aún sin verle, sin saber si está bien, sigo dependiendo de sus caricias, de sus besos.

Y es que lo normal no existe.

Vamos a cambiar el mundo. Ya está bien de ceñirse a lo "normal", a lo típico. Que ahora será la chica quien pida matrimonio, y los chicos los que lloren por amor. No seremos bobas nunca más, ahora les usaremos nosotras. Y cuando vengan arrastrándose pidiéndonos perdón, les pisaremos y tendrán que sufrir. Porque la distancia tiene que dejar de ser un impedimento y los besos la cosa más dulce del mundo. Que mil imágenes serán una palabra, y una palabra mil miradas. Se dormirá por el día y se vivirá por la noche. El amanecer será nuestro toque de queda. Luego nos iremos a Marte, porque la Luna ya está muy habitada. Allí nos odiaremos, y estaremos separados. No nos besaremos. No nos querremos. Vamos a cambiar el mundo. Vamos a romper las reglas. Vamos a dejar de querernos y de sufrir. Vamos a vivir.

Nosotros no somos los malos siempre.

Cierto, la quise. Pero eso se acabó. Siempre nos tachan a nosotros de cabrones, de hijos de puta. Pero ellas no se quedan cortas. La diferencia es que lo hacen sutilmente, poco a poco, para que no nos demos cuenta. Nosotros no lo ocultamos. Vamos de cara, y si, hacemos daño. Pero al menos no nos disfrazamos de princesas de cuento. Somos ranas, y no nos podemos camuflar. ¿Pedís amor? ¿No tenéis demasiados botes en la despensa ya?

Encajamos, como nuestros dedos entrelazados.

Que no hay nada más perfecto que estar a tu lado. Porque somos el uno para el otro. Sus huesos del hombro están hechos para que mi cabeza encaje a la perfección. Cuando nuestros labios se juntan, es como cuando se unen dos piezas de un puzzle. La gente habla del cielo, pero sólo yo sé dónde está; entre sus brazos. Porque no hay nada mejor que ese momento en el que te abraza, y te besa la frente; mientras tu te hundes entre su camiseta intentando respirar su aroma lo más rapido posible.

Te quiero, de aquí al sol y volver.

Hay veces, que no se necesitan alas para volar, ni mover los labios para sonreír. Porque a veces el mero hecho de estar al lado de una persona especial provoca la mayor felicidad existente. Que cada uno ve las cosas de manera diferente. Cada uno interpreta las acciones de una forma. Para mi, un beso en la mejilla vale mil veces más que uno en la boca. Porque mi momento preferido de un beso es ese instante en el que solo nos separan unos milímetros, y nos quedamos quietos, esperando a que uno de los dos de el primer paso. Yo no busco un príncipe azul, que sea perfecto. Yo te busco a ti, con tus millones de defectos e imperfecciones. Porque te quiero así, con tu sonrisa excesiva y tus ojos de mil colores.

(Co)razones.

No hace falta que me digáis eso de que perdéis la cabeza, por eso de que sus caderas... Ya sé de sobra que tiene esa sonrisa, y esas maneras. Y todo el remolino que forma en cada paso de gesto que da. Pero además la he visto seria, ser ella misma. Y de verdad que eso no se puede escribir en un poema. Por eso, eso que me cuentas de que mírala como bebe las cervezas y cómo se revuelve sobre las baldosas. Y qué fácil parece a veces enamorarse. Todo eso de que ella puede llegar a ser ese puto único motivo de seguir vivo y al a mierda con la autodestrucción. Y que eso de que los besos de ciertas bocas saben mejor, es un cuento que me sé yo desde el día que me dio dos besos y me dijo su nombre. Pero no sabes lo que es caer desde un precipicio y que ella aparezca de golpe y de frente y te diga, "venga hazte un peta y me lo cuentas". No sabes lo que es despertarte, que ella se retuerza y bostece, luego te abrace, y luego no sepas como deshacerte de todo el mundo. Así que supondrás que yo soy el primero que entiende el que pierdas la cabeza por sus piernas, y el sentido por sus palabras, y los huevos por el mínimo roce de mejilla. Que las suspicacias, los disimulos cuando su culo pasa, las incomodidades de orgullo que pueda provocarte son algo con lo que ya cuento. Quiero decirte que a mi de versos no me tienes que decir nada, que hace tiempo que escribo los míos. Que yo también la veo. Que cuando ella cruza por debajo del cielo, sólo el tonto mira al cielo. Que sé como agacha la cabeza, levanta la mirada y se muerde el labio superior. Que conozco su voz en formato susurro, y formato gemido, y en formato secreto. Que me sé sus cicatrices y el sitio que la tienes que tocar en el este de su pie izquierdo para conseguir que se ría. Y me sé lo de sus rodillas, y al forma de rozar las cuerdas de la guitarra. Que yo también he memorizado su número de teléfono, pero también el número de sus escalones, y el número de veces que afina las cuerdas de su guitarra antes de ahorcarse por bulerías. Que no solo conozco su ultima pesadilla, sino también las mil anteriores. Y yo si que no tengo cojones a decirla que no a nada. Porque tengo mas deudas con su espalda que nadie tendrá jamás con la luna. Y mira que hay tontos enamorados en este mundo. Que sé la cara que pone cuando deja de ser completamente ella, rendida a ese puto milagro que supone que exista. Que la he visto volar por encima de poetas que valían mucho más que estos dedos. Y la he visto formar un charco de arena, rompiendo todos los relojes que le puso el camino. Y la he visto hacerle competencia a cualquier amanecer por la ventana. No me hablen de paisajes si no han visto su cuerpo. Que lo de "mira si, un polvo es un polvo". Y eso del tesoro pintado de rojo sobre sus uñas. Y sólo los sueños pueden posarse sobre las seis letras de su nombre. Que te entiendo. Que yo escribo sobre lo mismo. Sobre la misma. Que razones tenemos todos. Pero yo, muchas más que vosotros.
http://www.youtube.com/watch?v=i-LNCO8u3U8

Cabrón.

Hola cabrón. Si, seguiré llamándote cabrón hasta que encuentre a alguien más cabrón que tú. Es que siento decirte que te lo has ganado. Pero hoy no es aquel día en que te lo reproché todo. Ni tampoco ese otro en el que volví llorando a tus brazos, pidiéndote perdón, ni tampoco en el que tú me ignoraste. Hoy, he venido para decirte que ya te he olvidado. Por fin, ya no pienso en ti como antes. Ya no lloro cuando te veo con otra. Ya, ni siquiera me jode. Sencillamente me da igual lo que hagas. Y yo sé que tú a mi aún me quieres, pero no te pudiste tragar el orgullo ni si quiera cuando te pedí perdón. Y ahora, el que va a sufrir eres tú. ¿Te acuerdas cuando te decía que no podía haber nada mejor que tú? Me equivocaba, lo hay. Lo que pasa que en aquel momento yo quería creer que eras lo mejor. Pero ahora he vuelto a querer. Las heridas que me provocaste han sanado, ya no duelen. Él las curo, con sus abrazos y sus caricias. A veces, cuando estoy con él, intento imaginarte a ti, abrazándome. Pero no recuerdo tu rostro, ni tu manera de besar. Ya no existes en mi cabeza. Pero yo sé, señor Cabrón, que tú eso no lo puedes hacer. Que has podido estar con mil chicas después de mi, pero que todavía las pones mi cara. Porque aunque lo niegues, sé que me querías. Y yo también te quise, cierto. Pero después de mucho tiempo parece que esta partida de cartas la he ganado yo. Mientras yo soy feliz, tú me echas de menos. Y ahora, señor Cabrón, vas a ver lo que es sufrir de verdad. Pero yo no soy como tú, puedo tragarme mi orgullo si es necesario. Yo te ofrezco mi amistad, mi apoyo. Pero no ahora, porque para que dos personas que han estado juntas sean amigas, primero tienen que olvidarse. Cuando lo consigas, ya sabes donde encontrarme. Donde ahora no quieres ni verme. En sus brazos. Sonriendo. Como cuando lo hacía contigo, pero mil veces mejor. Así que Señor Cabrón, le deseo toda la suerte del mundo para olvidarme, porque los dos sabemos que no será fácil.

Ella con sus maneras, es la más perfecta.

¿Especial? Eso es poco... Supera la perfección. La hace más perfecta aún. ¿Imposible dices? Eso es que no le conoces. No tienes ni idea de sus maneras, de sus aficiones. Que no existe persona más extraña, y tampoco existe persona a la que le encante más que a mi. La gente suele decir que cuando sonríe, el mundo se para. Pero eso demuestra que no le quieren. Porque desde mi punto de vista, cuando sonríe, las agujas del reloj se echan carreras entre ellas, para ver quien corre más. ¿Y que decir de sus maneras? No digas que le conoces si no le has visto comer y hablar con la boca llena; sino has oído sus tripas rugir. No digas que le conoces sino te ha besado la frente mientras tu escuchabas la música que son los latidos de su corazón. Porque ese corazón, que tu dices que es tuyo, acelera su velocidad cuando me siente cerca. Quizás pienses que es perfecto, pero me apuesto las estrellas a que no hueles su perfume a más distancia que yo. Porque puedes hablar todo lo que quieras, pero a él si no se lo demuestras con hechos, no le vale. Porque no confía en nadie, porque ya lo hizo y le jodieron. Porque no es especial, es único. Y solamente por el hecho de conocerle has de sentirte orgullosa.

Te das cuenta de lo mucho que le necesitas.

Y de repente, te das cuenta de lo mucho que le necesitas. Poco a poco se ha ido convirtiendo en tu droga. Es tal la obsesión que tienes con sus labios que cuentas las horas para volver a verle y el tiempo que os queda juntos. Y que estás dispuesta a luchar contra viento y marea, y que ni un huracán te apartará de su lado, porque hacía tanto tiempo que no te sentías así... Tan querida, tan hermosa, tan perfecta... Y es que es tal su perfección que la enjendra en ti. Es apeluchable, totalmente adorable. Es único, alucinante. Te olvidas de todas tus necesidades cuando estás con él. Tu cabeza se llena con su nombre, su forma de besar y de mirarte. La forma que tiene de provocarte escalofríos, recorriendo tu mandíbula con su dedo. Todo lo demás desaparece, nada más importa. El tiempo se para, los rumores se disuelven, el pasado se borra. Y en el momento en el que vuestros labios están a un milímetro, te das cuenta de lo mucho que le necesitas.

Lo siento, pero en este trivial gano yo.

¿Me vas a contar a mi, que me conozco su rostro en todas las modalidades? ¿A mi, que he oído su voz en todas las emisoras posibles? ¿A mi, que me sé todas sus pesadillas y sueños? No, preciosa. No vengas diciendo que le amas, si no sabes donde tiene colocados cada uno de sus lunares. No te permito decir que le conoces, si no puedes dibujar su sonrisa con cada uno de los hoyuelos de su cara. Que no me vengas hablando de querer, si no te sabes de memoria todos los sonidos de las cuerdas de su guitarra.  Porque cariño, no le quieres. Solo te has encaprichado, una vez más. Y mientras tú juegas con él, él no lo hará contigo. Porque intentará sacarte una sonrisa a cada instante, te acariciará como nunca nadie lo había hecho.  Porque mi vida, como él no hay nadie.

Cuando ella se fue, no quedó nada.

Ella formaba parte de mi. Era lo mejor que tenía, de lo único que podía presumir en mi vida de mierda. Ahora se ha ido y ya no me queda nada. No me repitáis una y otra vez que soy un puto gilipollas porque ya lo sé. La mentí, la engañé y ella siguió ahí. Pero hubo un momento en que se cansó. Se dio cuenta que me quería, pero que si seguía a mi lado poco a poco se iría apagando la magia de sus ojos. Y es que es cierto eso que dicen de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Yo no sabía el tesoro que tenia hasta que se marchó de mis brazos. Solo cuando noté la ausencia de su perfume empecé a echarla de menos. Y ya no os cuento cuando buscaba entre mis sábanas y no la encontraba. Mi cama estaba vacía, y la comencé a llenar con lágrimas. Aún hoy, la sigo esperando cada día en aquel banco de aquel parque donde todo comenzó, donde la besé por primera vez y ella se sonrojó. Y así es mi vida desde que ella se fue. Fumando canuto tras canuto en ese mismo lugar donde ella iba a llorar cada vez que peleábamos. Aún la huelo. Quizás no sea real. Quizás sea mi mente que reproduce su olor por necesidad. Lo único que me queda de ella son sus recuerdos. Su sonrisa era capaz de captar todas las atenciones, era perfecta. Sus ojos, su pelo.. Era única. Y yo no me di cuenta. Ella lo dio todo mientras yo no daba nada. Sé que no va a volver, pero aquí sigo, en el mismo banco del mismo parque donde todo comenzó.

No, no todo ha acabado.

Se acabó. El tiempo de sufrir y tumbarse en la cama a llorar ha terminado. Vamos, levanta y coge mi mano. Yo te ayudaré a salir, a reír. No me preguntes dónde he estado todo este tiempo, que por qué no te he ayudado. Porque siempre he estado ahí, a tu lado. Secándote las lágrimas, pero te nublaba tal oscuridad que no podías ver. Pero tranquila, no pidas perdón. No lo necesitas. Ya está, ha llegado el fin de esa época. Vamos, no tengas miedo pequeña. Pégate una ducha, y que con el agua se vayan todos los malos momentos. No me digas que el jabón te escuece en las heridas, porque ya no están. Has pasado tanto tiempo sufriendo por algo que ya no estaba... Ahora hay que recuperarlo. Vístete. Eso mismo, tú siempre estás preciosa. Ahora vamos a la calle. Tranquila, recuerda que yo no te voy a soltar. No volverás a caer, sólo tienes que empezar de cero.

Cuando te diga "te quiero", será sincero.

Las personas, ahora, camuflan lo que sienten. Regalan sonrisas y marcan las miradas.Seleccionan los momentos con una fecha.Dejan las historias sin final.Olvidan lo que sienten antes de que les de tiempo a saberlo.Ahora, se dice "te quiero" como quien dice "hola".Los besos se regalan, y los calentones a cualquier hora de la tarde son rutina.Si eso les llena...vale.Pero eso no es para mi.Porque cuando yo digo "te quiero", es porque te quiero, de verdad, sin contratos, sin papeles, sin interés, y con todas las consecuencias que conlleva hacerlo. 

Solíamos matar las horas queriéndonos.

Solíamos matar las horas queriéndonos. Ahora acostumbro a esconder la cabeza entre las sábanas que tantas madrugadas nos escucharon amanecer colgados del teléfono. Aquellas noches hubiese firmado el fin del mundo por enredarnos en caricias. Pero aprendimos el arte de arropar las ganas imposibles y los abrazos que no dimos en el hueco vacío de nuestras camas. Era la única manera de engañar al amor que me salía por los poros con que algún día no habrían espacios libres en mi colchón. Y al final resultó que las veces que te soñé respirando en mi almohada, son las mismas en las que tú me olvidaste. Hasta que un día me descubrí llorándole a un teléfono que ya no sonaba. Sé que entendiste antes que yo, que no sirve de nada quererse desde el otro lado del mar; porque no se pueden teñir de azul el dolor y el sinsentido de un amor a kilómetros. Y no te culpo por ello. Pero también sé que no hay mañana en la que no me pregunte cómo sería si te hubiese podido mirar a los ojos para pedirte que no te marcharas. Y cómo diablos pude sentir que te alejabas aún más y se multiplicaban los mares y las distancias que nos separan. Aún hoy puedo notar el nudo en mi estómago cuando nos recuerdo. Y puedo verte todavía en cada canción, en cada cielo y en cada playa. Y no he dejado de arruinar las madrugadas en las que ya no estás preguntándome una y otra vez cómo hubiese sido. Yo sólo quería una oportunidad de verme en tus ojos y entenderte en tus gestos y en tus maneras. Lo único que necesitaba era desgastarnos para quitarme la sensación asfixiante de un amor que se ha ido sin ser usado. Y aquí estoy, colgado en el momento en que decidiste que no valía la pena seguir esperando a que por fin pudiésemos amanecer.

Yo no soy como los demás, yo soy exótica.

Yo no soy como todo el mundo. A la gente normal le gusta el sol, el verano. En cambio yo prefiero el invierno con su lluvia y su frío. Me gusta empañar el cristal y escribir su nombre. Mirarme al espejo y hacer el tonto. Canto en la ducha, pero muy bajito para no molestar a los cristales. Me preparo más para estar por casa que para salir a la calle. Soy amiga de mis amigos y no me puedo callar las cosas. Me encanta que me abracen y me mimen. Y cuando alguien me dice que estoy preciosa, me alegra el día. Que ya no creo en la operación bikini, porque a mi me gusta mi cuerpo con sus lorcitas y sus deformidades. Y al que no le guste, que no mire. Porque aunque no me guste ni la arena ni la crema de sol, me encanta embarduñarme de una para rebozarme luego en la otra y finalmente ir corriendo hacia el agua como una posesa. Que cuando tengo ganas de llorar, me las aguanto. Pero se me escapan cuando me abrazan. No me gusta dar pena, pero no puedo ocultar el dolor, porque soy humana. Y me duele cuando me ignoran. Y también cuando me miran mal. Pero que se le va a hacer, no todo el mundo puede ser feliz. Unos tienen que llorar para que otros puedan sonreír. Y yo personalmente prefiero ser de las que sufren, porque en mi vida no es nada nuevo y ya sé que hay que hacer para curar la herida. Mientras los demás se aferran al dolor, yo sonrío para ocultarlo y me pongo la música a tope para olvidarlo. Porque una misma canción puede significar mil cosas depende del momento en el que la escuches. Y hasta el sonido más hermoso puede ser un incordio a las cuatro de la mañana. Porque me encanta chupar las pringles antes de comerlas. Que si a todo el mundo le gusta el color azul a mi me gusta el amarillo chillón. Y es que no quiero ser una más de esta sociedad. No quiero seguir un patrón. Quiero romper las reglas. Que si no me hablas no te hablo y si sonríes, te sonrío. Porque el mundo está esperando a ser cambiado, pero hasta que nací yo, no había nadie lo suficientemente valiente.

No cuadran las sumas, y las restas se dividen.

Porque 1+1 no siempre son 2, porque el blanco puede ser negro, porque el negro es la mezcla de todos los colores, porque lo más fácil no siempre es lo acertado, porque lo complicado a veces es más atractivo, porque lo atractivo no siempre tiene que ser bonito, porque un “no” a veces es un “sí”, y un “sí” a veces es un “no” escondido, porque no es oro todo lo que reluce ni plata todo lo que no brilla, porque comer a veces no te quita el hambre y dormir no significa que descanses, porque estar rodeado de gente no significa estar acompañado, porque se puede soñar despierto, porque la gente cambia, y tú cambias con ellos, que la inmensa mayoría no son lo que aparentan lo acabaras viendo, y aceptando con el tiempo. Porque a veces los ojos hablan más que millones de palabras, porque a veces los silencios son mucho más que las palabras.

No soy perfecta, pero tampoco me preocupa demasiado.

Sí, lo admito. Soy de las que les da miedo la oscuridad. De las que grita cuando ve una pelicula de miedo. La que se sigue asustando cuando salta la tostada de la tostadora. La que echa mucha sal en las patatas. De las que se puede mear de la risa. De las que un dia se siente la mas perfecta y guapa del mundo y al dia siguiente se puede morir de la depresión. De las que cambia los planes a ultima hora. De las que tenga la edad que tenga duerme con su peluche y su mantita. De las que le corroen los celos por la sangre. La que se rie de sus propios defectos. De las que le gusta llevar tacones, pero a mitad de la noche se los quita. De las que le gusta desayunar cereales. De las que hace el tonto para sacarle una sonrisa a alguien. Vale, lo reconozco. Me gustan las palomitas y las películas románticas, también las chucherías. Lloro demasiado, y me río con facilidad, voy con las uñas mal pintadas y soy una compradora compulsiva de ropa. De acuerdo, pienso a menudo en tonterías y no llego a ninguna conclusión, me equivoco y me vuelvo a equivocar, lo sé, no soy perfecta, pero tampoco me preocupa demasiado.

Miedo.

Tú dices que amas la lluvia, sin embargo usas un paraguas cuando llueve.Tú dices que amas el sol, pero siempre buscas una sombra cuando el sol brilla.Tú dices que amas el viento, pero cierras las ventanas cuando el viento sopla. Por eso es por lo que tengo miedo cuando dices que me amas...