Todo me da igual.

Me oculto bajo mil capas de felicidad, no creo que nunca puedas llegar a la que realmente me describe. Siempre estoy ahí aunque no me veas. Me lavo las manos, me desentiendo. Limpio mi mierda, me da igual que vosotros os pudráis. Sé que a vosotros tampoco os importo. Nunca he sido un lobo feroz, siempre he sido el patito feo que se escondía bajo un caparazón y que creía en los cuentos. Y ahora que he crecido, no soy un cisne, soy aún más feo. No es mi culpa que el mundo me haya hecho vacío por dentro...
Nunca he soñado con ser un dios, sino uno más en este juego. Y lo conseguí, juego con vosotros y con vuestros sentimientos. Ya no me queda nada de corazón, ahora soy depredador de cada presa que veo. O cazas o te cazan.
Hasta que llegó ella y volcó mi mundo. Me hizo ver que no sólo importaba yo, que había algo más a lo que proteger. Poco a poco fue colándose por cada una de mis mil capas, hasta, increiblemente, llegar a mi núcleo, a mi yo débil. Y en vez de hacerme daño, me demostró lo que es la felicidad. Desde entonces ya nada me da igual, ya no me lavo las manos, ya no me desentiendo. Eso de ser un delincuente con los sentimientos se ha acabado. Ahora es hora de ser cisne, aunque no por fuera. Es hora de hacerla feliz, feliz de verdad. Como ella hace conmigo. Es hora de cuidarla, de acunarla entre mis brazos. Es hora de hacerla mia, al igual que ella me ha hecho suyo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada