No todo lo que reluce es oro, ni todo lo que tocas es real.

Todo se para. Cuando te miro, el tiempo corre más despacio. Me permite analizar cada detalle, cada minúsculo defecto que forma tu admirable perfección. Y aún teniéndote a mi lado, cogiendo mi mano y abrazándome, no puedo terminar de creer que al fin seas mío. Sinceramente tengo miedo a despertar  y que te hayas esfumado. Que todo sea como antes, que no supieras que existía. Por eso, a veces necesito asegurarme de que estás ahí, conmigo.

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