Impotencia.

La rabia corre, me invade. En apenas unos segundos inunda todo mi cuerpo, no queda ni un milímetro libre. Las maldiciones y las palabras malsonantes se disparan de un lado a otro de mi cabeza. Las lágrimas causadas por la impotencia no tardan en desbordar de mis ojos y recorrer mi rostro hasta llegar a la punta de la nariz para así, saltar al vació.

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