Cuando ella se fue, no quedó nada.

Ella formaba parte de mi. Era lo mejor que tenía, de lo único que podía presumir en mi vida de mierda. Ahora se ha ido y ya no me queda nada. No me repitáis una y otra vez que soy un puto gilipollas porque ya lo sé. La mentí, la engañé y ella siguió ahí. Pero hubo un momento en que se cansó. Se dio cuenta que me quería, pero que si seguía a mi lado poco a poco se iría apagando la magia de sus ojos. Y es que es cierto eso que dicen de que no sabes lo que tienes hasta que lo pierdes. Yo no sabía el tesoro que tenia hasta que se marchó de mis brazos. Solo cuando noté la ausencia de su perfume empecé a echarla de menos. Y ya no os cuento cuando buscaba entre mis sábanas y no la encontraba. Mi cama estaba vacía, y la comencé a llenar con lágrimas. Aún hoy, la sigo esperando cada día en aquel banco de aquel parque donde todo comenzó, donde la besé por primera vez y ella se sonrojó. Y así es mi vida desde que ella se fue. Fumando canuto tras canuto en ese mismo lugar donde ella iba a llorar cada vez que peleábamos. Aún la huelo. Quizás no sea real. Quizás sea mi mente que reproduce su olor por necesidad. Lo único que me queda de ella son sus recuerdos. Su sonrisa era capaz de captar todas las atenciones, era perfecta. Sus ojos, su pelo.. Era única. Y yo no me di cuenta. Ella lo dio todo mientras yo no daba nada. Sé que no va a volver, pero aquí sigo, en el mismo banco del mismo parque donde todo comenzó.

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