Cabrón.

Hola cabrón. Si, seguiré llamándote cabrón hasta que encuentre a alguien más cabrón que tú. Es que siento decirte que te lo has ganado. Pero hoy no es aquel día en que te lo reproché todo. Ni tampoco ese otro en el que volví llorando a tus brazos, pidiéndote perdón, ni tampoco en el que tú me ignoraste. Hoy, he venido para decirte que ya te he olvidado. Por fin, ya no pienso en ti como antes. Ya no lloro cuando te veo con otra. Ya, ni siquiera me jode. Sencillamente me da igual lo que hagas. Y yo sé que tú a mi aún me quieres, pero no te pudiste tragar el orgullo ni si quiera cuando te pedí perdón. Y ahora, el que va a sufrir eres tú. ¿Te acuerdas cuando te decía que no podía haber nada mejor que tú? Me equivocaba, lo hay. Lo que pasa que en aquel momento yo quería creer que eras lo mejor. Pero ahora he vuelto a querer. Las heridas que me provocaste han sanado, ya no duelen. Él las curo, con sus abrazos y sus caricias. A veces, cuando estoy con él, intento imaginarte a ti, abrazándome. Pero no recuerdo tu rostro, ni tu manera de besar. Ya no existes en mi cabeza. Pero yo sé, señor Cabrón, que tú eso no lo puedes hacer. Que has podido estar con mil chicas después de mi, pero que todavía las pones mi cara. Porque aunque lo niegues, sé que me querías. Y yo también te quise, cierto. Pero después de mucho tiempo parece que esta partida de cartas la he ganado yo. Mientras yo soy feliz, tú me echas de menos. Y ahora, señor Cabrón, vas a ver lo que es sufrir de verdad. Pero yo no soy como tú, puedo tragarme mi orgullo si es necesario. Yo te ofrezco mi amistad, mi apoyo. Pero no ahora, porque para que dos personas que han estado juntas sean amigas, primero tienen que olvidarse. Cuando lo consigas, ya sabes donde encontrarme. Donde ahora no quieres ni verme. En sus brazos. Sonriendo. Como cuando lo hacía contigo, pero mil veces mejor. Así que Señor Cabrón, le deseo toda la suerte del mundo para olvidarme, porque los dos sabemos que no será fácil.

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