Te das cuenta de lo mucho que le necesitas.

Y de repente, te das cuenta de lo mucho que le necesitas. Poco a poco se ha ido convirtiendo en tu droga. Es tal la obsesión que tienes con sus labios que cuentas las horas para volver a verle y el tiempo que os queda juntos. Y que estás dispuesta a luchar contra viento y marea, y que ni un huracán te apartará de su lado, porque hacía tanto tiempo que no te sentías así... Tan querida, tan hermosa, tan perfecta... Y es que es tal su perfección que la enjendra en ti. Es apeluchable, totalmente adorable. Es único, alucinante. Te olvidas de todas tus necesidades cuando estás con él. Tu cabeza se llena con su nombre, su forma de besar y de mirarte. La forma que tiene de provocarte escalofríos, recorriendo tu mandíbula con su dedo. Todo lo demás desaparece, nada más importa. El tiempo se para, los rumores se disuelven, el pasado se borra. Y en el momento en el que vuestros labios están a un milímetro, te das cuenta de lo mucho que le necesitas.

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